La economía dominicana atraviesa un escenario de creciente presión marcado por el encarecimiento del petróleo, la persistencia de conflictos internacionales y el limitado margen de maniobra fiscal del Gobierno. Esa fue la principal conclusión expuesta durante el Foro Económico: Perspectivas 2026, donde economistas alertaron sobre los desafíos que enfrenta el país ante un entorno global cada vez más incierto.
Durante el encuentro, Bernardo Fuentes, vicepresidente de Estudios Económicos del BHD; Alejandro Grisanti, director y socio fundador de Ecoanalítica; y Richard Medina, macroeconomista especializado en políticas públicas, analizaron el impacto que tendría sobre República Dominicana la escalada del conflicto entre Irán, Israel y Estados Unidos, así como el aumento del petróleo hasta niveles de entre 90 y 110 dólares por barril.
Seis años de crisis consecutivas
Fuentes sostuvo que la economía dominicana ha enfrentado un ciclo prolongado de turbulencias internacionales que ha elevado la vulnerabilidad de un país altamente dependiente de su relación con el exterior.
“Los últimos seis años han sido seis años capitales, de complejos a nivel mundial”, afirmó el economista, al recordar que desde 2024 el país ha lidiado simultáneamente con las secuelas de la guerra entre Rusia y Ucrania, el conflicto en Israel y la crisis haitiana.
Según explicó, esos factores continúan activos y ahora se suma un nuevo foco de tensión internacional relacionado con Irán, además del impacto de los aranceles promovidos desde Estados Unidos, que —a su juicio— rompieron décadas de consenso económico global.
Te podría interesar: Crisis energética elimina 14 millones de barriles diarios de petróleo
Reservas internacionales dan estabilidad al peso
Pese al escenario adverso, Fuentes identificó elementos que mantienen cierta estabilidad en la economía nacional. Entre ellos destacó el dinamismo de los sectores generadores de divisas, como el turismo, las remesas y la inversión extranjera directa.
Sin embargo, señaló que el principal soporte actual es el nivel de reservas internacionales del Banco Central, que supera los 16,000 millones de dólares, equivalente a cerca del 12 % del PIB y a seis meses de importaciones.
Para el economista, esa fortaleza reduce significativamente el riesgo de una crisis cambiaria como la registrada en 2003-2004, cuando el Banco Central tenía una capacidad de intervención mucho más limitada.
Aunque el peso dominicano se ha apreciado en medio del aumento del petróleo, Fuentes advirtió que esa tendencia no se mantendría durante el resto del año.
“Lo que vamos a comenzar a ver es una depreciación de la moneda de aquí a fin de año, pero no esperamos algo descontrolado”, indicó.
También destacó que, a diferencia de la crisis provocada por la guerra entre Rusia y Ucrania, los precios del gas natural y el carbón han permanecido relativamente estables, lo que ayuda a moderar parte de la presión energética.
Inflación y tasas elevadas complican el panorama
Uno de los mayores riesgos identificados en el foro es el cambio en las expectativas sobre la política monetaria de Estados Unidos. A inicios de año, el mercado proyectaba recortes de tasas de interés por parte de la Reserva Federal en 2026, pero actualmente esas previsiones prácticamente desaparecieron.
Fuentes explicó que incluso existe la posibilidad de nuevas alzas, lo que tendría efectos directos sobre las tasas locales debido a la estrecha relación financiera entre ambos mercados.
La preocupación aumenta porque República Dominicana ya enfrenta una inflación cercana al límite superior del rango meta del Banco Central, fijado entre 3 % y 5 %. De acuerdo con el análisis presentado, la inflación podría mantenerse por encima de ese rango durante varios meses.
Ante ese escenario, Fuentes consideró que el Banco Central probablemente optará por tolerar temporalmente niveles más altos de inflación antes que aplicar aumentos agresivos en las tasas de interés que frenen el crecimiento económico.
Déficit fiscal reduce capacidad de respuesta
Otro de los puntos críticos señalados fue el reducido espacio fiscal del Gobierno. Desde 2008, el Estado ha operado con déficits continuos que han incrementado la deuda pública y el peso del pago de intereses.
Esa situación limita la capacidad oficial para aplicar subsidios frente al aumento de los combustibles y la energía.
Fuentes citó análisis de la calificadora Fitch para explicar el dilema que enfrentan las autoridades: aumentar subsidios presionaría aún más las finanzas públicas, mientras que eliminarlos elevaría la inflación y afectaría el crecimiento económico.
“Estamos en una situación muy compleja que están enfrentando nuestras autoridades”, concluyó.
¿Ya has visitado nuestro canal de YouTube? ¡Suscríbete ahora!

