Retrasos en proyectos energéticos ponen en riesgo la soberanía energética de América Latina

La soberanía energética en América Latina y el Caribe enfrenta presiones crecientes debido a retrasos en proyectos estratégicos, debilidad institucional y una mayor dependencia de importaciones en países que antes eran autosuficientes. Aunque la región mantiene un buen balance entre seguridad del suministro y autonomía, la falta de control sobre los sistemas energéticos se ha convertido en un desafío crítico, según especialistas del sector.

La soberanía energética no depende únicamente de una matriz más limpia, sino de la capacidad de cada país para controlar su propio sistema sin actores externos. Sin embargo, la alta dependencia de combustibles fósiles, los atrasos en infraestructura y la lenta modernización de redes eléctricas aumentan la vulnerabilidad regional.

El analista Milton Montoya advirtió que países antes independientes hoy pierden su soberanía energética, exponiéndose a fluctuaciones de precios internacionales y mayor incertidumbre. Un caso emblemático es Bolivia, donde casi el 90% de la demanda energética proviene de combustibles fósiles y hasta 80% del diésel debe importarse. Esta dependencia presiona las reservas de divisas y eleva la exposición a la volatilidad global, según la OLADE.

Trabas regulatorias que frenan la entrada de proyectos

Uno de los mayores riesgos para la región es la demora en la entrada en operación de proyectos clave, afectada por procesos largos de licenciamiento ambiental y consultas previas. Montoya señaló que estos retrasos —muchas veces de años— impiden responder a las necesidades energéticas de cada país, comprometiendo su autonomía.

La falta de articulación entre los proyectos y las comunidades locales, junto con una carga burocrática elevada, ha llevado incluso a grandes empresas a desistir. El caso reciente de Windpeshi (205 MW) en La Guajira, suspendido por Enel ante la imposibilidad de garantizar ritmos constructivos, ilustra esta problemática.

Exportadores netos también enfrentan tensiones

Aunque América Latina presenta un Índice de Autarquía Energética (IAE) promedio de 1,22, superior al de la OCDE, incluso países exportadores enfrentan desafíos significativos. Entre los países con mayor soberanía destacan Guyana, Venezuela, Colombia, Trinidad y Tobago, Ecuador, Bolivia y Brasil.

Guyana se ha fortalecido como potencia emergente desde 2015, tras importantes descubrimientos petroleros, pero otros países como Bolivia y Ecuador enfrentan caídas en su suficiencia energética. En Ecuador, el indicador pasó de 2,02 en 2014 a 1,68 en 2024, acompañado de racionamientos severos y dependencia de energía importada que no pudo suplirse por falta de excedentes de Colombia durante El Niño.

Los países más dependientes en la región

La lista de países con índice de autarquía energética menor a la unidad —importadores netos— incluye: Haití, México, Uruguay, Guatemala, Nicaragua, Cuba, Costa Rica, Chile, Honduras, Belice, Panamá, República Dominicana, El Salvador, Barbados, Jamaica y Granada.

Para ellos, el principal desafío es realizar prospectivas energéticas con el menor costo social posible y contar con mecanismos de cobertura técnica y financiera, indica OLADE.

La creciente variabilidad climática complica aún más el panorama. Los países con mayor dependencia de fuentes renovables directas también sufren mayor exposición a sequías, alteraciones en la demanda y riesgos estructurales para su seguridad energética.

“El cambio climático puede incrementar la inseguridad energética en países con baja soberanía”, recordó Andrés Rebolledo, secretario ejecutivo de OLADE.

Colombia: el caso más crítico por el gas

Colombia, tradicionalmente considerada un país energético estable, enfrenta un deterioro acelerado en su autosuficiencia en gas natural. En 2024 inició importaciones permanentes para segmentos no térmicos, lo que incrementa tarifas y emisiones, advierte Promigás.

Montoya señala que Colombia debe prepararse para importar gas masivamente en el corto plazo, lo que impactará hogares, industria y política pública. La falta de decisión sobre los proyectos de fracturamiento hidráulico, suspendidos por el actual gobierno, limita la posibilidad de recuperar soberanía rápidamente.

El presidente Gustavo Petro ha cuestionado el “monopolio privado” de importación de gas y anunció que Ecopetrol también importará para introducir competencia. Sin embargo, importar más gas profundiza la dependencia externa y expone al país a mayores riesgos de precio y suministro.

La soberanía energética se ha convertido en un termómetro clave de estabilidad económica y geopolítica. Especialistas coinciden en que los recursos están disponibles en muchos países, pero falta voluntad política para acelerar proyectos, modernizar redes y garantizar un suministro estable y soberano.

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