Uso problemático del celular en adolescentes

 

El celular se ha convertido no solo en una herramienta de trabajo, sino en una extensión social y vital de nosotros mismos,  una especie cordón umbilical digital del que nos cuesta, cada vez más, desprendernos. Pero, ¿qué pasa cuándo esa conexión constante cruza la delgada línea hacia la adicción?

EH+ relata las implicaciones educativas, familiares, sociales y médicas del uso problemático del celular en adolescentes

Historias de vida

El sol aún no ha despuntado, pero la vida bulle con energía palpable en las intrincadas calles de Villa Mella, en Santo Domingo Norte. El aire, cargado de la humedad y el aroma incipiente del café matutino, se mezcla con el murmullo creciente de voces y el eco de los motores. Como cada día lectivo, el barrio despierta al ritmo de los pasos apresurados de niños y jóvenes que se dirigen a sus centros educativos. Wendy, profesora de historia de secundaria, acude a su centro escolar para impartir clases. Sus estudiantes tienen entre quince y dieciséis años. Pertenecen a la muestra de población a nivel nacional, entre quince y diecinueve años, que según datos de la Oficina Nacional de Estadística (ONE) representa 926,458 personas de los 10,878,267 del conjunto general.

Impacto de los celulares en las aulas

El bullicio del coro animado de saludos en las puertas del centro se termina en el interior de las aulas. No necesariamente por disciplina, ni por atención pertinente a la materia en cuestión, sino, en muchos casos, por cansancio extremo.  “Veo cada vez con más frecuencia a estudiantes con la mirada perdida, bostezando constantemente o, directamente, apoyando la cabeza sobre el pupitre. Cuando les pregunto, muchos admiten haberse quedado hasta altas horas de la madrugada con el celular”, relata con frustración.

Una encuesta nacional de UNICEF sobre el uso problemático del celular en adolescentes  en República Dominicana en 2021 reveló que la mitad de ellos solo conoce el ciberespacio a través de un celular. El mismo estudio encontró que los adolescentes de 15 a 17 años (33%) duplican a los niños de 11 a 12 años (17%) en el uso de internet. Un porcentaje que se incrementa en los hogares de niveles socioeconómicos bajos (más de 7 de cada 10).

Para Jennifer, que tiene quince años y vive en Los Casabes, el celular no es solo una herramienta de comunicación, sino que se ha convertido en un universo paralelo que absorbe gran parte de su tiempo y atención.  “Quiero apagar el celular a las diez, pero entonces veo un vídeo en TikTok o me escriben mis amigas por WhatsApp, y cuando me doy cuenta son las dos o las tres de la mañana”, confiesa con un tono de resignación. Las consecuencias son evidentes: “Al día siguiente estoy agotada, me cuesta concentrarme en clase y a veces me quedo dormida sin querer”.

“Quiero apagar el celular a las diez, pero entonces veo un vídeo en TikTok o me escriben mis amigas por WhatsApp, y cuando me doy cuenta son las dos o las tres de la mañana”

Estudios académicos sobre adicción al celular

Un estudio sobre el uso problemático del celular en adolescentes realizado por la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra (PUCMM) de 2024 arrojó que más del 30% de la población joven dominicana presenta adicción al celular. El problema no se limita al ámbito académico. Padres como Nelson Gómez, con un hijo de catorce años, expresa su angustia: “Hemos intentado poner normas sobre el uso del celular por la noche, pero es una batalla constante. Lo escondemos, pero lo encuentra. Le decimos que lo apague, pero lo usa a escondidas. El resultado es que por las mañanas le cuesta horrores levantarse y está irritable todo el día”.

Expertos en salud y tecnología señalan varios factores que explican esta preocupante tendencia. La luz azul emitida por las pantallas suprime la producción de melatonina, la hormona que regula el ciclo del sueño. Además, la naturaleza adictiva de las redes sociales y las aplicaciones de mensajería mantiene a los jóvenes en un estado de alerta constante, dificultando la relajación necesaria para conciliar el sueño. La presión social de estar siempre conectado y no perderse nada (“fear of missing out” en inglés o FOMO por sus siglas) también juega un papel importante.

“Uno de los mayores desafíos es que la adicción al móvil a menudo se normaliza”, comenta el ingeniero en ciberseguridad, Ramón Pérez. “Las redes sociales y las aplicaciones están diseñadas para ser atractivas y generar una sensación de recompensa constante, lo que facilita caer en patrones de uso problemáticos sin siquiera darnos cuenta.”

“Uno de los mayores desafíos es que la adicción al móvil a menudo se normaliza”

Análisis de los especialistas médicos

El Ministerio de Salud Pública y Asistencia Social (MISPAS) ha considerado que el uso continuo de dispositivos tecnológicos en adolescentes puede ocasionar aislamiento social y psicólogos de su departamento de salud mental, han alertado sobre el impacto negativo del uso excesivo de dispositivos electrónicos en niños y adolescentes, mencionando la falta de atención escolar, el aislamiento social y problemas de salud como obesidad y sedentarismo.

La doctora Vargas, psicóloga clínica especializada en adolescentes, explica el mecanismo detrás de esta preocupación. “La tecnología en sí misma no es negativa, pero su uso excesivo y sin supervisión puede desplazar actividades sociales cruciales para el desarrollo psicosocial de los adolescentes. El contacto directo, el juego al aire libre, la participación en actividades grupales es fundamental para construir la identidad, aprender a negociar, desarrollar la empatía y fortalecer los lazos sociales”.

“La tecnología en sí misma no es negativa, pero su uso excesivo y sin supervisión puede desplazar actividades sociales cruciales para el desarrollo psicosocial de los adolescentes”

Un estudio de la PUCMM de 2024 sugirió que se valore, especialmente en adolescentes, la implementación de la Escala de Adicción a Teléfonos Inteligentes-versión corta (SAS-SV), una herramienta que evalúa la adicción a los teléfonos inteligentes, incluyendo la posibilidad de que su uso excesivo y sin supervisión impacte negativamente en la vida social y el desarrollo psicosocial.

Esta escala ya ha sido empleada en macroestudios importantes a nivel global, uno de ellos en 2023, en el que participaron miles de personas de casi 200 países, en concreto 50.423 personas en 195 países, para comprender si existen patrones problemáticos a nivel global.

Sea como fuere, el principal hándicap está en discernir nuevas formas de medir estos  comportamientos problemáticos, que inciden en el crecimiento, desarrollo y madurez de los adolescentes, y por tanto del futuro de República Dominicana.

 

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