La República Dominicana necesita comenzar a discutir el próximo Gobierno mucho antes de que llegue la campaña electoral. Y debe hacerlo de una manera diferente: no comenzar por los candidatos, ni por los partidos, ni por las encuestas, sino por los problemas.
Durante demasiado tiempo hemos permitido que la discusión política dominicana se concentre alrededor de quién llegará al poder, mientras dejamos en segundo plano una pregunta mucho más importante: ¿para qué queremos llegar al poder? Un Gobierno debe tener propósitos concretos.
Resolver definitivamente el problema de la vivienda
La vivienda no es solamente un techo. Es patrimonio, estabilidad familiar y seguridad económica. Es también uno de los principales mecanismos mediante los cuales una familia trabajadora puede acumular riqueza durante su vida y transmitirla a sus hijos.
Por eso debemos estudiar seriamente experiencias internacionales que han conseguido convertir la vivienda en una política de Estado. Singapur constituye uno de los ejemplos más interesantes. Su experiencia demuestra que los mecanismos de ahorro vinculados al trabajo y a la seguridad social pueden relacionarse, bajo reglas cuidadosamente diseñadas, con la adquisición de vivienda.
La República Dominicana debería estudiar su propio modelo. Tenemos miles de millones de pesos pertenecientes a empleados y trabajadores acumulados dentro del sistema de Seguridad Social. Ese dinero pertenece, finalmente, a los trabajadores. ¿Por qué no estudiar mecanismos mediante los cuales una parte de esos recursos pueda contribuir a que sus propios titulares adquieran una vivienda?
Naturalmente, esto tendría que hacerse preservando la sostenibilidad de las pensiones, mediante rigurosas garantías financieras, actuariales y jurídicas. Pero el principio merece ser discutido: que el ahorro del trabajador pueda servir también para construir el patrimonio del trabajador.
Un programa nacional de vivienda concebido de esta manera podría convertirse en una de las mayores transformaciones sociales de nuestra historia contemporánea. No se trataría simplemente de construir apartamentos, sino de crear propietarios, fortalecer familias, construir patrimonio y reducir una de las manifestaciones más dolorosas de la desigualdad social.
Terminar con el problema eléctrico
La República Dominicana lleva décadas hablando del problema eléctrico. Gobierno tras Gobierno, reforma tras reforma, préstamo tras préstamo y subsidio tras subsidio. Y todavía la electricidad constituye una enorme carga para las familias, las empresas y las finanzas públicas.
Ha llegado el momento de preguntarnos si el problema no se encuentra solamente en las pérdidas, el fraude o las deficiencias administrativas, sino también en la propia estructura económica del sistema. Tenemos que examinar seriamente su carácter oligopólico: quién genera, quién distribuye, quién comercializa, quién fija las condiciones, quién asume las pérdidas, quién recibe los beneficios y quién termina pagando.
El sistema eléctrico debe ser sometido a una revisión integral, desde la generación hasta el contador de cada hogar dominicano. La energía es demasiado importante para el desarrollo nacional como para continuar tratándola como una crisis permanente que cada Gobierno hereda del anterior. La electricidad es infraestructura estratégica.
Sin electricidad abundante, confiable y razonablemente barata no existe verdadera industrialización. No existe competitividad. No existe transformación tecnológica. Y tampoco existe bienestar moderno.
El próximo Gobierno debería asumir una meta que durante décadas hemos considerado imposible: terminar con el problema eléctrico.
Seguridad ciudadana
La seguridad ciudadana también requiere una visión más amplia. Necesitamos una sociedad mejor preparada, mejor pagada, tecnológicamente equipada y con capacidad de inteligencia e investigación. Pero necesitamos también barrios iluminados, parques, instalaciones deportivas, escuelas abiertas, actividades culturales, oportunidades para los jóvenes, transporte seguro y espacios públicos recuperados, así como una justicia capaz de actuar eficazmente.
La delincuencia debe combatirse, pero también deben combatirse las condiciones sociales que permiten que miles de jóvenes encuentren en la calle aquello que la sociedad no fue capaz de ofrecerles.
Por eso la seguridad ciudadana está directamente relacionada con el cuarto gran eje.
Instrucción Pública y Recreación
Tenemos que ampliar nuestra idea de educación. Un niño no se educa solamente sentado frente a una pizarra. Se educa leyendo, jugando, escuchando música, practicando deportes, visitando un museo, aprendiendo un oficio, participando en una representación teatral, descubriendo la historia de su país, utilizando una biblioteca y conviviendo con otros niños.
Por eso propongo comenzar a pensar en un verdadero Sistema Nacional de Instrucción Pública y Recreación, articulado alrededor de tres grandes componentes: Educación, Cultura y Deportes.
No como instituciones que trabajan separadamente, sino como partes de un mismo proyecto nacional de formación humana.
Las escuelas deberían convertirse progresivamente en centros de la vida comunitaria. Después de terminar las clases, sus instalaciones no deberían quedar necesariamente vacías. Podrían convertirse, donde las condiciones lo permitan, en espacios para deportes, bibliotecas, música, informática, teatro, formación técnica y actividades comunitarias.
Tenemos infraestructura pública distribuida por prácticamente todo el territorio nacional. Tenemos que utilizarla mejor. Y tenemos que devolverles a nuestros niños y jóvenes algo que estamos perdiendo: lugares seguros donde aprender, jugar, encontrarse y crecer.
Un Gobierno para resolver problemas
Estos cuatro temas están profundamente relacionados. Una familia que consigue su vivienda adquiere estabilidad y patrimonio. Una economía con electricidad eficiente genera empleos y oportunidades. Una comunidad segura recupera sus calles y espacios públicos. Y un niño que encuentra educación, cultura y deportes tiene mayores posibilidades de construir una vida distinta.
Vivienda, electricidad, seguridad y educación, cultura y deportes no son cuatro compartimentos separados. Son cuatro dimensiones de una misma cuestión: la calidad de vida del pueblo dominicano.
Una propuesta para un Programa de Gobierno debería comenzar precisamente ahí. No preguntándonos primero quién gobernará, sino estableciendo qué problemas nacionales estamos decididos a resolver.
Después podremos discutir los demás asuntos: salud, agua, transporte, empleo, salarios, pensiones, desarrollo industrial, agricultura, medio ambiente, administración pública, justicia y política exterior.
Pero debemos comenzar estableciendo prioridades.
Porque gobernar no puede consistir simplemente en administrar el Estado durante cuatro años.
Gobernar debe significar transformar.
Y quizás la pregunta que deberíamos formular a quienes aspiren a dirigir la República Dominicana en los próximos años sea muy sencilla:
¿Cuáles problemas nacionales piensa usted dejar definitivamente resueltos cuando termine su Gobierno?
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