Rusia pone fin a la moratoria y anula el Tratado INF sobre misiles nucleares

Rusia anunció el fin de la moratoria sobre el despliegue de misiles de corto y medio alcance, lo que abre la posibilidad de reposicionarlos en Europa y otras regiones estratégicas.

Con esta decisión, queda sin vigencia el Tratado de Fuerzas Nucleares de Alcance Intermedio (INF, por sus siglas en inglés), firmado en 1987 por Estados Unidos y la Unión Soviética para eliminar una categoría completa de misiles nucleares.

“Rusia ya no se considera limitada por nada. Tiene derecho, si lo considera necesario, a tomar las medidas apropiadas”, declaró el portavoz del Kremlin, Dmitri Peskov, al confirmar que Moscú se reserva el derecho de desplegar este tipo de armamento en respuesta a lo que considera amenazas occidentales.

La decisión marca el punto final de un tratado que fue considerado una piedra angular del control de armas durante la Guerra Fría. Firmado el ocho de diciembre de 1987 por los entonces presidentes Ronald Reagan y Mijaíl Gorbachov, el INF prohibía el uso de misiles balísticos y de crucero con un alcance de entre 500 y 5,500 kilómetros, tanto nucleares como convencionales. Entró en vigor el primero de junio de 1988.

Militares rusos escoltan un camión con misiles nucleares tras el anuncio del fin de la moratoria sobre su despliegue.
Militares rusos escoltan un camión con misiles nucleares tras el anuncio del fin de la moratoria sobre su despliegue.

El tratado logró la eliminación de más de 2,600 misiles hasta 1991: 846 por parte de Estados Unidos y 1,846 por la Unión Soviética. Armas como los misiles soviéticos SS-20 y los estadounidenses conocidos como “euromisiles” fueron destruidas bajo verificación mutua.

No obstante, las partes podían conservar los sistemas de guiado y las ojivas nucleares. Según datos de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), a finales de 1996 se habían desmantelado todas las armas contempladas en el acuerdo.

En su preámbulo, el INF reconocía que una guerra nuclear tendría “consecuencias devastadoras para la humanidad” y promovía la estabilidad estratégica global. Para mediados de los años 70, Estados Unidos y sus aliados en la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), veían con creciente preocupación que la URSS se acercaba a la paridad nuclear, lo que aceleró la necesidad de un pacto de desarme.

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El deterioro del acuerdo y las acusaciones cruzadas

Pese a su éxito inicial, las tensiones entre Moscú y Washington comenzaron a erosionar el tratado. En 2014, el presidente Barack Obama acusó a Rusia de violar el INF tras presuntas pruebas con un misil de crucero terrestre. 

La OTAN respaldó esa denuncia y pidió preservar la viabilidad del acuerdo. En respuesta, Rusia negó las acusaciones y aseguró que era Estados Unidos quien incumplía el pacto, aunque varios analistas coincidieron en que ambas partes deseaban su final.

En 2018, el entonces presidente Donald Trump formalizó el retiro de Estados Unidos del tratado, alegando que Rusia desarrollaba y desplegaba el misil 9M729 (SSC-8), una versión terrestre de los misiles Kalibr, utilizados por Moscú en la guerra de Siria. Rusia rechazó las acusaciones y advirtió que la retirada estadounidense “haría del mundo un lugar más peligroso”.

El dos de agosto de 2019, el Gobierno de Trump se retiró oficialmente del tratado, y al día siguiente lo hizo Rusia. Como gesto posterior, Moscú declaró una moratoria unilateral sobre el despliegue de misiles de alcance medio, mientras no existieran sistemas similares en Europa.

Rusia justifica el levantamiento de la moratoria

Cinco años después, Rusia ha decidido levantar esa moratoria. En un comunicado publicado este martes, el Kremlin acusó a Estados Unidos de haber desplegado un número sin precedentes de sistemas militares en Europa, capaces de portar misiles prohibidos por el extinto tratado. Estos despliegues se habrían realizado en el marco de ejercicios militares con un enfoque claramente antirruso, sostiene Moscú.

“Rusia actuará cuando lo considere necesario”, reiteró Peskov, al tiempo que señaló que ya no existe ninguna limitación legal o política que impida el uso de estas armas por parte de su país.

La medida ha reavivado los temores de una nueva carrera armamentista en Europa y Asia, similar a la de la Guerra Fría, con consecuencias imprevisibles para la estabilidad internacional y los esfuerzos de no proliferación nuclear.

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