¿Qué es I+D e I+D+i? Cuando hablamos de I+D, nos referimos a Investigación y Desarrollo, dos pilares fundamentales para que una nación avance en ciencia, tecnología y economía. La investigación permite generar nuevo conocimiento, y el desarrollo lo transforma en soluciones concretas: productos, servicios, sistemas o procesos.
Cuando añadimos la tercera “i”, hablamos de Innovación. Es decir, la capacidad de aplicar ese conocimiento de forma efectiva, útil y rentable, generando valor social, económico o estratégico.
- I+D = Investigación + Desarrollo
- I+D+i = Investigación + Desarrollo + Innovación
En el mundo actual, no basta con saber; hay que crear, aplicar y transformar. Esa es la diferencia entre una economía dependiente y una economía con soberanía tecnológica.
Israel: cuando la necesidad obliga a innovar
Israel es un país pequeño, sin recursos naturales relevantes, con condiciones geográficas y políticas adversas. El 60% de su territorio es desértico, tiene un entorno geopolítico hostil, y una población de apenas 9 millones. Y, sin embargo, es una potencia mundial en ciencia, defensa, tecnología agrícola, ciberseguridad y medicina.
¿Cómo lo logró? Con inversión sostenida en I+D+i como política de Estado.
Datos clave:
- Invierte 5.6% de su PIB en I+D (OCDE, 2023), el porcentaje más alto del mundo.
- Tiene más de 6,000 startups activas, muchas vinculadas a tecnología de punta.
- El sector tecnológico representa alrededor del 18% del PIB y más del 50% de las exportaciones.
- Alberga centros de innovación global como el Technion, la Universidad Hebrea de Jerusalén, y centros de I+D de empresas como Intel, Apple y Google.
- Es líder en sistemas de defensa como el Iron Dome, tecnologías médicas, agricultura de precisión, y tratamiento de agua.
Israel no esperó a tener condiciones ideales: convirtió sus limitaciones en motores de cambio. Donde otros ven desventaja, Israel vio una oportunidad de reinventarse a través del conocimiento. Hoy, vende tecnología, soluciones y patentes, y el mundo lo compra.
La Primada de América: legado histórico, deuda con el futuro
La Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD) es la primera universidad del continente americano, fundada en 1538. Su historia es patrimonio continental. Pero el peso de la historia no garantiza el liderazgo en ciencia y tecnología.
Pese a su matrícula masiva y su rol social, la UASD produce una proporción mínima de publicaciones científicas, patentes o soluciones aplicadas.
Causas:
- Presupuesto centrado casi exclusivamente en gastos administrativos.
- Ausencia de una política nacional firme de incentivo a la investigación.
- Escasa vinculación entre universidad, empresa y Estado.
- Falta de apoyo estructural y técnico a investigadores.
Comparación regional:
- La Universidad de São Paulo (Brasil) publica más de 10,000 artículos científicos al año.
- La UNAM (México) lidera en patentes universitarias.
- La PUC de Chile impulsa innovación y startups tecnológicas.
- La UASD, en cambio, no figura entre las 100 universidades más productivas de América Latina (Scimago, 2023).
República Dominicana: un país que compra lo que no se atreve a producir
República Dominicana mantiene una economía basada en servicios, turismo y manufactura ligera. Sin embargo, la baja inversión en ciencia y tecnología condena al país a la dependencia estructural.
Datos duros:
- Se invierte apenas 0.02% del PIB en I+D (Banco Mundial, 2020).
- La recomendación internacional (UNESCO/OCDE) es al menos 1% del PIB.
- Nuestra balanza comercial es crónicamente negativa. Importamos:
- Tecnología médica.
- Software.
- Fertilizantes.
- Energía procesada.
- Equipos y soluciones técnicas.
Mientras otros países venden inteligencia, nosotros seguimos comprando dependencia.
El caso Brasil: quien invierte, transforma su realidad
Brasil apostó por integrar conocimiento y producción. Hoy es:
- Potencia agrícola, gracias a la inversión estatal en investigación agropecuaria (EMBRAPA).
- Potencia aeronáutica, con EMBRAER, competidora global de Boeing y Airbus.
- Invierte cerca del 0.93% de su PIB en I+D (UNESCO, 2022).
Brasil no tiene más talento que nosotros. Tiene más decisión política de apostar por la ciencia como base del desarrollo.
Invertir en I+D+i no es lujo: es soberanía, productividad y futuro
Un país que investiga y desarrolla, deja de depender, crea soluciones a sus propios problemas y exporta ideas.
La inversión en I+D+i:
- Mejora la productividad nacional.
- Genera empleos de alto valor.
- Fortalece la soberanía tecnológica.
- Reduce la brecha de dependencia.
- Transforma el sistema educativo en motor real del desarrollo.
Invertir en ciencia no es una moda ni una estrategia de marketing. Es una forma de crear autonomía, generar riqueza sostenible y garantizar el futuro.
Conclusión: el desarrollo no se improvisa, se construye con visión, voluntad e inversión
Ninguna nación ha alcanzado el desarrollo por casualidad. Lo ha hecho apostando por su gente, por su talento y por su capacidad de pensar y crear. Y eso solo es posible cuando se invierte en I+D+i.
En República Dominicana, seguimos atrapados en un modelo de dependencia. Nuestra balanza comercial es negativa porque no producimos lo que consumimos, ni exportamos lo que el mundo valora. Compramos tecnología, conocimiento y soluciones que otros países producen porque sí invirtieron en ciencia.
Israel, con menos territorio, menos agua, menos población y más conflictos, entendió que el conocimiento era su única salida. Y hoy lo es.
Nosotros, con condiciones más favorables, seguimos sin dar el paso.
La riqueza verdadera no está en el subsuelo. Está en las neuronas. En las aulas. En los centros de investigación.
Un país que no investiga, repite lo que otros hacen. Un país que no desarrolla, consume sin producir. Y una sociedad que no innova, se estanca aunque aparente crecimiento.
Si queremos cambiar esa historia, debemos dejar de improvisar y empezar a construir futuro con visión.
Porque si no apostamos por el conocimiento, no saldremos nunca del círculo del subdesarrollo.
Y si no invertimos en nuestra gente, estaremos condenando generaciones enteras a depender siempre del ingenio de otros.
Richard Santana es experto en Redes y Telecomunicaciones y auditor energético con experiencia en media y alta tensión, además de su trayectoria como docente en el área.

