El apagón que paralizó durante casi nueve horas al Aeropuerto Internacional de Las Américas (AILA) no es un hecho aislado, sino la repetición de un evento preocupante que ya en otras ocasiones ha puesto en jaque la operatividad de la principal terminal aérea del país.
Ayer, lo que debería ser un centro neurálgico de eficiencia y seguridad, terminó convertido nuevamente en escenario de caos, incertidumbre y malestar para miles de pasajeros.
La pregunta es: ¿un aeropuerto de la magnitud y relevancia del AILA no cuenta con un sistema de respaldo sólido para enfrentar una interrupción eléctrica? La aviación moderna funciona con estándares de seguridad y continuidad que no admiten improvisaciones. Sin embargo, el corte prolongado del domingo evidenció una fragilidad que compromete tanto la confianza de los viajeros como la imagen internacional de la República Dominicana.
A todo esto, la Empresa Distribuidora de Electricidad del Este (Edeeste) dejó claro que la falla no provino de su red, lo que agrava el panorama.
No se trata únicamente de un problema técnico, sino de un asunto de Estado. La vulnerabilidad de una infraestructura estratégica como el AILA afecta no solo a los pasajeros, sino al comercio, al turismo y a la seguridad operacional. Un aeropuerto no puede permitirse apagones prolongados.

