¿Qué hace falta para que las autoridades controlen la proliferación de motocicletas en el país? ¿Hasta cuándo seguirá creciendo, sin regulación efectiva, un sistema donde algunos motoconchistas operan al margen de la ley y convierten las calles en espacios de tensión y miedo?
En distintas zonas urbanas, grupos de motoristas han asumido conductas que van más allá del transporte informal: trabajan en especie de pandillas, agreden a conductores por simples roces, tumban retrovisores, se enfrentan entre ellos por el control de pasajeros y zonas, e imponen reglas propias en las vías públicas.
A esto se suma un patrón constante de imprudencias: violan las leyes de tránsito, irrespetan a las autoridades, circulan en vía contraria, sin protección y sin ningún tipo de control. El resultado es un entorno cada vez más peligroso para conductores y peatones.
No se trata de generalizar. Muchos motoconchistas trabajan de forma honesta. Pero también es innegable que una parte del sistema ha derivado en un problema de orden público que las autoridades no han logrado contener.
El pasado fin de semana, la situación alcanzó un nivel crítico. Un hombre que realizaba su trabajo diario murió tras un roce con un motoconcho que derivó en una persecución: fue perseguido, golpeado y apuñalado hasta desangrarse en el suelo, sin recibir ayuda.
La procuradora general de la República, Yeni Berenice Reynoso, condenó el asesinato del chofer David Carlos Abreu, ocurrido en Santiago tras un incidente de tránsito que no dejó heridos.
“Lamentamos profundamente el asesinato de David Carlos Abreu, víctima de un grupo asesino movido por una colisión de tránsito sin ningún herido”, expresó la magistrada, al tiempo que informó que instruyó presentar cargos por asesinato contra el grupo involucrado.
Según las investigaciones preliminares, la víctima fue perseguida por una turba de motoconchistas que incluso penetró hasta el parqueo del Palacio de Justicia de Santiago, donde intentaba resguardarse.
La Policía Nacional confirmó el arresto de ocho personas, incluyendo al presunto autor de la herida mortal con arma blanca. El hecho, captado en video y difundido ampliamente, evidencia el nivel de violencia que puede escalar a partir de conflictos mínimos.
La procuradora advirtió que más del 50% de los homicidios en el país están relacionados con conflictos sociales, muchos de los cuales podrían resolverse mediante el diálogo.
Pero mientras eso no ocurra, ¿quién controla lo que está pasando en las calles?
Porque lo ocurrido en Santiago no es un hecho aislado. Es la consecuencia de años de permisividad, falta de regulación y ausencia de control efectivo.

