Tailandia.- El encarecimiento de los hidrocarburos y el auge de la inteligencia artificial (IA) están generando efectos contrapuestos sobre las perspectivas económicas mundiales. Mientras las inversiones tecnológicas contribuyen a sostener la actividad en varias economías, el aumento de los costos energéticos resta impulso a América Latina, según las nuevas proyecciones del Fondo Monetario Internacional (FMI).
El organismo elevó en 0,1 puntos porcentuales su previsión de crecimiento mundial para 2026, hasta el 3,1 %. La revisión responde principalmente al desempeño de las economías avanzadas, en especial las asiáticas, y al impulso de las inversiones vinculadas con la inteligencia artificial, que contribuyen a amortiguar las consecuencias económicas de la guerra en Oriente Medio.
Sin embargo, esa mejora no se distribuye de manera uniforme. Las economías emergentes enfrentan presiones derivadas del encarecimiento de los hidrocarburos, mientras que la expansión de las inversiones tecnológicas beneficia especialmente a los países vinculados con la producción de semiconductores y otros componentes necesarios para el desarrollo de la IA.
Silvana Tenreyro, nueva economista jefe del FMI, explicó que el escenario actual está condicionado por dos fuerzas económicas. Por un lado, el aumento de los precios de la energía genera perturbaciones negativas de oferta y alimenta las presiones inflacionarias; por otro, las inversiones en inteligencia artificial estimulan la demanda y contribuyen al crecimiento.
De acuerdo con datos publicados por AFP, la combinación de ambos factores ayuda a explicar por qué la economía mundial conserva una previsión de expansión del 3,1 %, pese a las tensiones geopolíticas y energéticas.
Para América Latina, el FMI redujo su previsión de crecimiento económico de 2026 al 2,3 %, una disminución de 0,1 puntos porcentuales respecto de su estimación de julio. Para 2027, el organismo espera que la expansión regional alcance el 2,5 %.
La revisión refleja, entre otros factores, el efecto desigual del encarecimiento de los hidrocarburos sobre las economías de la región. Según el análisis recogido en el informe, el impacto negativo de los mayores precios del petróleo supera, en términos generales, los beneficios que aporta la expansión de la inteligencia artificial.
Esta diferencia está relacionada con la posición de cada país en el mercado energético. Las economías que exportan petróleo pueden obtener ventajas de precios más elevados, mientras que aquellas más expuestas al costo de la energía afrontan mayores presiones sobre sus actividades productivas y sus cuentas económicas.
El FMI identifica así un escenario regional heterogéneo, en el que la evolución de los precios energéticos y la capacidad de aprovechar el crecimiento tecnológico influyen de manera distinta en las perspectivas nacionales.

Venezuela y Guyana figuran entre las economías latinoamericanas con mayores previsiones de crecimiento para 2026. El FMI estima una expansión del 5 % para Venezuela y del 22,3 % para Guyana, país que destaca por el fuerte crecimiento proyectado.
Estas cifras contrastan con las perspectivas de otras economías de la región, que deben afrontar condiciones menos favorables ante el encarecimiento de la energía y un aprovechamiento más limitado del impulso tecnológico.
México crecería un 1,5 % en 2026, mientras que Brasil registraría una expansión del 2,2 %. En el caso brasileño, el FMI señala la incidencia de unas condiciones monetarias todavía restrictivas, orientadas a controlar la inflación, la retirada del apoyo fiscal y la incertidumbre internacional.
Para México, el organismo destaca el respaldo de las exportaciones, incluidas aquellas vinculadas con cadenas de valor relacionadas con la inteligencia artificial, así como una inversión que comienza a estabilizarse.
En el resto de los países latinoamericanos, el aporte compensatorio del crecimiento tecnológico sería más limitado, según el análisis del Fondo.

El avance de la inteligencia artificial se ha convertido en uno de los factores que respaldan las perspectivas globales, debido al volumen de recursos destinados a desarrollar esta tecnología y a la demanda de componentes necesarios para su expansión.
Taiwán constituye uno de los ejemplos más destacados de ese impulso. El FMI proyecta que su economía crecerá un 10,7 % en 2026, en un contexto de fuerte actividad en el sector de los semiconductores.
Estados Unidos mantendría una expansión del 2,3 %, sin cambios respecto de la previsión de julio, mientras que China crecería un 4,5 %, una reducción de 0,1 puntos porcentuales frente a la estimación anterior.
La directora gerente del FMI, Kristalina Georgieva, sostuvo que la aceleración de la inteligencia artificial, aunque todavía concentrada en determinadas regiones, contribuye a que la economía mundial conserve un crecimiento cercano al 3 %.
El efecto de estas inversiones, no obstante, convive con los riesgos derivados de los conflictos geopolíticos y los costos energéticos. Por ello, el avance tecnológico no se traduce en una mejora equivalente para todas las economías.
Las consecuencias del conflicto en Oriente Medio también se reflejan en las perspectivas para esa región y el norte de África. El FMI prevé que la guerra contribuya a llevar a la región a una recesión durante 2026.
Arabia Saudita, uno de los principales productores de petróleo del mundo, registraría una contracción económica del 3,3 %, según las nuevas estimaciones.
El análisis citado no incorpora el escenario de una eventual toma de control del estrecho de Bab el Mandeb por parte de los hutíes de Yemen, una posibilidad que podría dificultar todavía más las exportaciones petroleras saudíes.
La evolución de esta zona resulta relevante para el mercado energético debido a los riesgos que las interrupciones de las rutas comerciales representan para el transporte de petróleo y el suministro internacional de combustibles.
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Europa y Asia muestran comportamientos diferentes
Fuera de América Latina y Oriente Medio, las proyecciones del FMI también reflejan diferencias entre las principales economías.
La zona euro presenta una mejora de sus perspectivas, con una revisión al alza de 0,2 puntos porcentuales para 2026, hasta superar el 1 % de crecimiento.
Alemania destaca dentro de ese cambio. Después de atravesar tres años difíciles, dos de ellos con recesión, el país tiene ahora una previsión de crecimiento del 1,3 % para 2026, tras una revisión al alza de 0,6 puntos porcentuales respecto de julio.
España también recibió una mejora de 0,4 puntos porcentuales y mantiene una proyección de expansión del 2,5 %, por encima de las estimaciones para el resto de los países de la Unión Europea mencionados en el informe. En Asia, India crecería un 7 % en 2026, Corea del Sur un 3,3 % y Japón un 0,7 %.
En conjunto, las proyecciones muestran que el crecimiento mundial continúa respaldado por las inversiones tecnológicas, pero permanece expuesto a los efectos de la guerra y al encarecimiento de los hidrocarburos.
Para América Latina, el desafío consiste en afrontar el impacto de los mayores costos energéticos en un escenario en el que los beneficios de la expansión de la inteligencia artificial siguen concentrados en determinadas economías y sectores.
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