America First

Al compás del principal lema de campaña del ahora presidente de Estados Unidos, Donald Trump, la consigna de America First es clara: priorizar los intereses nacionales sobre la cooperación internacional y el multilateralismo.

Esta arenga no es nueva.  George Washington advirtió contra la participación en asuntos exteriores y abogó por una política de aislamiento. La doctrina Monroe declaró que cualquier intento de las potencias europeas de colonizar o interferir en los asuntos de los países americanos sería considerado un acto de agresión contra Estados Unidos.

Sin embargo, en un contexto global como el actual, esta estrategia comercial internacional juega un rol diferente, muy alejado del proteccionismo del siglo XIX o del periodo de entreguerras, donde todo estaba compartimentado, pero no conectado. Solo hay que recordar la guerra comercial de 2018, entre Estados Unidos y China donde se impusieron aranceles mutuamente a una amplia gama de productos y que afectó negativamente a las cadenas de suministro globales, aumentó los precios para los consumidores y generó incertidumbre en los mercados financieros.

La nueva América ha retirado de convenios internacionales como el Acuerdo de París sobre el cambio climático y el acuerdo nuclear con Irán, y criticado a aliados tradicionales como la OTAN, los aranceles impuestos por Trump por una justificación inicial de que Estados Unidos importa más bienes de la UE de los que exporta, y que principio pudieran proteger ciertos sectores y crear empleo a corto plazo para los estadounidenses, se torna una debacle internacional. Dirigidos principalmente contra productos como el acero, el aluminio, el vino y el aceite de oliva, afectando a países europeos como España, Francia e Italia, inician una guerra comercial abierta contra Europa.

Sobre el tablero de ajedrez están las empresas europeas que ven reducidas sus exportaciones, lo que repercute en su actividad y en el empleo. Al mismo tiempo, los consumidores estadounidenses están teniendo que pagar precios más altos por algunos productos, y las empresas que dependen de las importaciones se ven perjudicadas. La UE ha expresado su preocupación y ha defendido el libre comercio como motor de crecimiento económico, dejando claro que defenderá sus intereses comerciales y económicos ante las medidas proteccionistas.

El futuro es de una total incertidumbre. El control estadounidense podría generar resistencia y movimientos nacionalistas en algunos países europeos, que buscarían recuperar su soberanía y autonomía. La Unión Europea podría enfrentar desafíos internos y divisiones. Incluso, algunos países podrían alinearse con Estados Unidos y otros buscarían mantener su independencia, buscando un equilibrio de poder y una mayor multipolaridad. En fin…This is America, America first, al menos, por ahora.

Mira otros tags: