BID advierte que 83% de la electricidad dominicana depende de combustibles fósiles

Aunque República Dominicana ha logrado posicionarse como una de las economías de mayor crecimiento de América Latina y el Caribe, el próximo gran desafío para el país será elevar su productividad y fortalecer las bases que sostienen ese crecimiento. Dentro de esa agenda, la energía ocupa un lugar estratégico.

Así lo planteó Nathalie Alvarado, representante del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en República Dominicana, quien advirtió que actualmente el 83% de la generación eléctrica nacional depende de combustibles fósiles, una condición que mantiene al país expuesto a riesgos externos y limita parte de su competitividad.

Durante una exposición sobre los desafíos económicos de la próxima década, Alvarado sostuvo que la diversificación de la matriz energética debe convertirse en una prioridad para reducir vulnerabilidades, fortalecer la resiliencia económica y crear condiciones más favorables para la inversión y la productividad.

La ejecutiva recordó que República Dominicana registró un crecimiento promedio de 4.3% durante la última década, una cifra que supera ampliamente el promedio regional y que permitió avances importantes en materia social, incluyendo una reducción significativa de la pobreza.

Sin embargo, explicó que el país ha llegado a una etapa en la que el desafío ya no consiste únicamente en crecer, sino en mejorar la calidad de ese crecimiento.

Dentro de los factores que definirán la capacidad de la economía para dar el siguiente salto, identificó la productividad como el elemento central.

Y en ese proceso, la energía aparece como uno de los componentes fundamentales.

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Según explicó, una matriz energética altamente dependiente de combustibles fósiles incrementa la exposición a la volatilidad de los mercados internacionales y limita la capacidad de aprovechar plenamente nuevas oportunidades económicas.

“Avanzar hacia una matriz energética más diversificada permitiría reducir vulnerabilidades y mejorar la competitividad”, planteó.

La observación adquiere relevancia en un contexto internacional marcado por cambios en las cadenas globales de valor, tensiones geopolíticas y transformaciones tecnológicas que están redefiniendo las ventajas competitivas de los países.

Para Alvarado, República Dominicana tiene la oportunidad de beneficiarse de fenómenos como el nearshoring, que podrían generar miles de millones de dólares adicionales en exportaciones para América Latina y el Caribe.

Sin embargo, advirtió que aprovechar esas oportunidades requiere fortalecer elementos habilitadores como infraestructura, logística, conectividad y energía.

La representante del BID considera que el país posee condiciones favorables para atraer industrias más sofisticadas y de mayor valor agregado, pero que ello dependerá de la capacidad de reducir costos operativos y mejorar la confiabilidad de los servicios básicos.

En ese sentido, vinculó directamente la energía con sectores estratégicos para el futuro económico dominicano.

La manufactura avanzada, los servicios modernos, la industria farmacéutica, los instrumentos de precisión y la producción de componentes electrónicos son algunas de las actividades identificadas como potenciales motores de crecimiento para la próxima década.

No obstante, todas comparten una necesidad común: acceso a energía confiable y competitiva.

Alvarado señaló que la manufactura puede elevar significativamente su competitividad mediante menores costos energéticos, una mejor formación del talento humano y una mayor integración con proveedores locales.

La energía también forma parte de una agenda más amplia relacionada con la adaptación al cambio climático.

La representante del BID recordó que los eventos climáticos extremos generan pérdidas equivalentes al 0.7% del Producto Interno Bruto (PIB) dominicano cada año, una situación que refuerza la necesidad de avanzar hacia modelos de desarrollo más resilientes.

Asimismo, destacó que la transformación tecnológica impulsada por la inteligencia artificial está modificando las dinámicas económicas globales y aumentando la importancia de la innovación, la digitalización y el conocimiento especializado.

“La inteligencia artificial está redefiniendo las ventajas competitivas de los países, haciendo aún más importante invertir en innovación y talento especializado”, afirmó.

Para el BID, todos estos desafíos convergen en una misma prioridad: aumentar la productividad nacional.

La institución considera que República Dominicana dispone de una hoja de ruta importante a través de iniciativas como Meta RD 2036, concebida para cerrar brechas estructurales y fortalecer la competitividad del país.

Dentro de esa visión, la diversificación energética aparece como un componente transversal capaz de impactar sectores tan diversos como la industria, el turismo, las zonas francas, la construcción y los servicios tecnológicos.

La representante del organismo concluyó que el país cuenta con ventajas importantes para seguir creciendo, pero advirtió que la próxima etapa requerirá una apuesta decidida por la innovación, el talento humano, la competitividad y una infraestructura energética capaz de acompañar las necesidades de una economía cada vez más sofisticada.

En esa agenda de transformación, reducir la dependencia de los combustibles fósiles y construir una matriz energética más diversificada se perfila como uno de los retos más relevantes para la República Dominicana de la próxima década.

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