La industria artesanal del larimar en la República Dominicana enfrenta un desafío creciente: la salida de las mejores piedras hacia el mercado internacional, especialmente a China, donde se comercializan en grandes volúmenes y a precios con los que los artesanos locales no pueden competir.
El administrador de la Tienda-Museo Larimar, Miguel Féliz, quien también es artesano desde hace más de 20 años, recordó que al asumir la gestión encontraron piezas de baja calidad que limitaban el potencial del taller.
Desde entonces explicó han trabajado para elevar los estándares de producción, poniendo el foco en la terminación, la adecuada clasificación y la belleza de cada pieza.
“Nuestro objetivo es que el larimar que producimos refleje excelencia y autenticidad. Pero aún necesitamos que las autoridades regulen la venta de piedras de calidad para los artesanos locales”, afirmó Féliz.
Féliz señaló que los compradores internacionales, especialmente los chinos, adquieren grandes cantidades de larimar en bruto a precios más bajos que los que pagan los artesanos dominicanos, lo que coloca a estos últimos en desventaja para producir joyería de alta calidad.
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Según datos del taller, entre enero y octubre de este año las exportaciones de larimar superaron los US$20 millones, una cifra que confirma la fuerte demanda global del mineral, pero que también evidencia la brecha entre los ingresos que genera y los beneficios que reciben quienes trabajan directamente con él.
El taller no solo busca garantizar la calidad de sus productos, sino también impulsar el desarrollo comunitario. La Escuela Taller Larimar forma a jóvenes y adultos en joyería y lapidaria, y entre el 50 % y el 60 % de sus estudiantes son mujeres.
En áreas específicas, como la joyería, la participación femenina alcanza entre el 30 % y el 45 %. Esta dinámica ha convertido el oficio en una fuente de ingresos y empoderamiento para madres y emprendedoras de comunidades costeras.
Féliz destacó además la necesidad de implementar políticas de Estado que aseguren un acceso equitativo al recurso.
Recordó que hace décadas la producción anual rondaba entre ocho mil y veinte mil libras, con precios más altos, mientras que hoy se extraen más de 300 mil libras.
Aunque esto ha reducido el valor de la piedra, también ha permitido que más personas se beneficien de su explotación.
“Vivimos en un país de libre mercado, pero debemos buscar mecanismos para valorizar el larimar y garantizar que quienes trabajan directamente con él reciban beneficios justos”, concluyó.
Desde el Ministerio de Energía y Minas (MEM) aseguraron que, pese a la presión del mercado internacional, el acceso al Larimar es amplio. El verdadero reto, afirmaron, está en su valorización y en cómo se aprovecha dentro del país.

Rolando Muñoz Mejía, director de Minería del MEM, reconoció que los artesanos que durante años controlaron parte del mercado ya sea de forma estatal o privada suelen fijar precios que reflejan su percepción del valor de la piedra. “Tenemos un país de libre mercado.El acceso al mineral es fácil, y como política del Estado estamos pensando en cómo valorizar la piedra”, afirmó.
El funcionario recordó que hace décadas la producción anual de Larimar rondaba entre 8 y 20 mil libras, vendiéndose a precios elevados por libra. Hoy, la extracción supera las 300 mil libras al año, lo que ha permitido que más personas tengan acceso al recurso, aunque los precios se ajusten a la mayor oferta.
Muñoz Mejía destacó la importancia del diseño y la creación en la valorización del Larimar, citando a artesanos reconocidos como Mónica Varela y Miguel Méndez, cuyas piezas alcanzan precios más altos debido al trabajo artístico y la reputación de sus autores.
“Una pieza diseñada por un artista reconocido puede valer cuatro o cinco veces más que otra similar. Eso también forma parte de la valorización del Larimar”, señaló.
En cuanto a la exportación, ambos funcionarios coincidieron en que el Larimar se vende en mercados abiertos y diversos: Estados Unidos, Chile, Colombia, Italia, España, Inglaterra y Alemania, entre otros.
“Cualquier dominicano, cualquier artesano que necesite Larimar de calidad, lo puede conseguir. No hay crisis en el mercado”, aseguró Muñoz Mejía.

Golye Latoufe Jiménez, directora de Promoción del MEM, agregó que los conceptos de “caro” o “barato” son relativos y dependen de la calidad del Larimar. “Hay larimar que no se puede trabajar en joyería fina y solo se destina a otros usos. Cada categoría tiene su precio, y el acceso sí existe tanto para el mercado nacional como para el internacional”, explicó.
Latoufe Jiménez añadió que, aunque la producción aumenta, el mercado nacional aún no puede absorber la totalidad de la piedra extraída.
“No podemos mantener una mina solo para el mercado local porque no tiene capacidad de comprar todo lo que se produce. La producción eficiente requiere inversión en seguridad y estándares de trabajo que obligan a vender parte de la producción al exterior”, explicó.
El MEM apuesta a fortalecer el consumo local y la valorización del Larimar para que los dominicanos puedan apreciar plenamente esta gema única. “Si logramos que el país se identifique con la piedra, podríamos aprovechar mucho más la producción y reducir la fuga hacia mercados internacionales”, concluyó Muñoz Mejía.
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