El aumento sostenido del tráfico aéreo en América Latina está poniendo a prueba la capacidad de los principales aeropuertos de la región, donde los retrasos ya no ocurren solo en el aire, sino principalmente en tierra, debido a accesos viales congestionados, controles internos lentos y fallas operativas.
Una revisión regional realizada por medios del Grupo de Diarios América (GDA) revela que, aunque varios países han invertido en nuevas terminales y ampliaciones, la infraestructura terrestre y los procesos críticos no han crecido al mismo ritmo que la demanda de pasajeros.
En Aeropuerto Internacional Luis Muñoz Marín, Puerto Rico cerró 2024 con 13.2 millones de pasajeros, una cifra prevista originalmente para dentro de casi dos décadas. Situaciones similares se observan en Aeropuerto Internacional El Dorado, que superó los 45 millones de pasajeros, consolidándose como el más transitado de América Latina y el Caribe.
Pese a estos volúmenes, algunos aeropuertos muestran avances en eficiencia. En Bogotá, por ejemplo, el 90 % de los pasajeros supera el control de seguridad en menos de 10 minutos, gracias a reorganización de flujos y uso de tecnología biométrica, según datos de su concesionaria.
El principal problema compartido en la región es llegar a tiempo al aeropuerto. En Lima, el nuevo terminal inaugurado en 2025 convive con puentes modulares provisionales, mientras que el acceso definitivo no estará listo hasta 2028. En El Salvador, el aeropuerto opera con una sola vía de acceso, generando congestiones frecuentes, y en Costa Rica, la saturada carretera General Cañas retrasa el ingreso al Aeropuerto Internacional Juan Santamaría.
En Brasil, el hub de Aeropuerto Internacional de São Paulo-Guarulhos sigue sin conexión ferroviaria directa al terminal, mientras que en Argentina, cualquier incidente en la autopista Riccheri puede limitar el ingreso al país por el Aeropuerto Internacional Ministro Pistarini.
Los desafíos continúan puertas adentro: filas extensas, demoras en migración, equipajes tardíos y fallas tecnológicas. En Santiago, el aeropuerto Arturo Merino Benítez aún presenta retrasos pese a su reciente ampliación. En Venezuela, fallas eléctricas en el Aeropuerto Internacional de Maiquetía han provocado demoras de hasta 12 horas.
En contraste, el Aeropuerto Internacional de Carrasco destaca como una excepción regional: el 93 % de los pasajeros cruza controles en menos de 10 minutos, gracias al monitoreo en tiempo real de áreas críticas.
Expertos coinciden en que la velocidad del transporte aéreo se pierde en tierra cuando los accesos, procesos y servicios no acompañan el crecimiento. Aunque el cielo latinoamericano se expande con nuevas rutas y récords de pasajeros, la infraestructura terrestre y operativa sigue siendo el eslabón más débil de la experiencia del viajero.
En América Latina, volar ya no es el principal desafío: llegar a tiempo, circular sin demoras y recibir el equipaje sin tropiezos se ha convertido en la verdadera prueba para los aeropuertos de la región.
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