En medio del debate sobre la evolución futura del cambio climático y la urgente necesidad de alcanzar emisiones netas cero en las próximas dos décadas, la transición energética global desde los combustibles fósiles hacia las energías renovables se ha convertido en una prioridad mundial. En este contexto, América Latina emerge como una región con un potencial significativo para liderar esta transformación, gracias a su vasta geografía y abundantes recursos naturales.
Con una población de 664 millones de personas y una abundancia de recursos naturales, la región ya está dando pasos importantes en la producción de energía renovable, aunque las diferencias entre los países son notables.
Crecimiento exponencial en la capacidad de energía renovable
En 2022, la capacidad de energía renovable en América Latina se acercó a los 315 gigavatios, un impresionante crecimiento de aproximadamente el 75% en comparación con una década anterior. Este avance subraya el papel crucial que la región podría desempeñar en la transición energética global.
Históricamente, los recursos hidroeléctricos han sido el pilar de la matriz energética latinoamericana. Un ejemplo notable es la represa de Itaipú, inaugurada en 1984 en la frontera entre Brasil y Paraguay. Esta infraestructura se ha mantenido como la segunda represa hidroeléctrica más grande del mundo en términos de capacidad. Casi cuatro décadas después, la capacidad hidroeléctrica de América Latina ascendía a unos 200 gigavatios, representando alrededor de dos tercios de la capacidad renovable total de la región en 2022.
Sin embargo, en línea con las tendencias globales, la última década ha visto un cambio significativo en el enfoque hacia la energía solar y eólica. La capacidad de energía eólica en América Latina se multiplicó por seis desde 2013, mientras que la capacidad solar fotovoltaica creció exponencialmente, alcanzando aproximadamente 46 gigavatios en 2022.
Este crecimiento refleja no solo la disponibilidad de recursos naturales, sino también un cambio estratégico en las políticas energéticas de los países latinoamericanos. Países como Brasil, Chile y Argentina han sido identificados como algunos de los más atractivos para las inversiones en energía renovable, gracias a sus condiciones geográficas y a los marcos regulatorios favorables que han desarrollado.
A pesar del crecimiento de los últimos años, la mayoría de los países latinoamericanos todavía presentan una oportunidad considerable de desarrollo en cuanto a las fuentes de energía renovables. En México, por ejemplo, las energías renovables representaron poco más del 12 % del suministro de energía primaria en 2021. En Argentina, representaron un promedio del 13 % de la generación de energía del país en 2022. Estos números, aunque alentadores, indican que aún hay mucho camino por recorrer.
Un aspecto crítico a considerar es la dependencia de grandes centrales hidroeléctricas en países como Brasil y Paraguay. Si bien estas infraestructuras han sido fundamentales para el desarrollo energético de la región, su promoción como fuente de energía renovable está en disputa debido a los altos impactos sociales y ambientales que causan las represas. La construcción de estas estructuras a menudo implica desplazamientos de comunidades y alteraciones significativas en los ecosistemas locales.
El futuro de la energía renovable en América Latina
En la era de la energía solar y eólica, América Latina se encuentra en una encrucijada. La región posee algunas de las condiciones más favorables del mundo para el desarrollo de estas tecnologías, y varios países ya están tomando medidas decisivas para aprovechar este potencial.

Brasil, con su vasto territorio y condiciones climáticas ideales, ha estado liderando la adopción de energías renovables. En 2021, el país invirtió 12.000 millones de dólares en transiciones energéticas, situándolo entre los 10 países con mayor gasto en este sector a nivel mundial. Chile, por su parte, ha implementado políticas innovadoras para atraer inversiones en energía solar y eólica, mientras que Argentina está comenzando a explotar su potencial eólico, especialmente en la región patagónica.
Paraguay
Paraguay es un ejemplo sobresaliente de cómo la energía renovable puede dominar el panorama energético de un país. La energía hidroeléctrica es la principal fuente de energía renovable de Paraguay, y su abundancia permite no solo satisfacer la demanda interna sino también exportar excedentes a países vecinos como Argentina y Brasil. Sorprendentemente, el 60% de la energía hidroeléctrica del Paraguay se exporta, lo que contribuye significativamente al PIB del país, aproximadamente un 6%.
El pilar de esta capacidad es la presa de Itaipú, una infraestructura colosal ubicada entre Paraguay y Brasil y de propiedad conjunta. Esta presa es responsable del 79% de la capacidad eléctrica total de Paraguay, subrayando la dependencia y el éxito del país en el aprovechamiento de recursos hidroeléctricos.
Costa Rica
Costa Rica se ha consolidado como un líder mundial en el uso de energía verde, operando con al menos un 98% de energía renovable desde 2014. Este logro es notable tanto a nivel regional como global, destacándose principalmente por su uso eficiente de la energía hidroeléctrica, que representa el 67,5% de su producción energética en 2019. Además, Costa Rica aprovecha otras fuentes renovables como la energía eólica (17%) y geotérmica (13,5%), esta última favorecida por la actividad volcánica del país.
México
En contraste, México se encuentra en una posición más complicada en términos de energía verde. Aunque el país tiene un potencial enorme para la energía solar, con algunos de los niveles de radiación solar más altos del mundo, más de dos tercios de su producción eléctrica anual de 303 TWh provienen de combustibles fósiles. Las políticas energéticas en México han sido objeto de intensos debates recientemente, y las acciones de la administración actual han dado prioridad a la producción nacional de carbón, lo que podría llevar a aumentos significativos en las emisiones de carbono en las próximas décadas.
Brasil
Brasil, con la economía más grande de América Latina y la duodécima a nivel mundial, es un caso interesante de análisis. A pesar de su fuerte industria petrolera, Brasil produce el 86% de su electricidad a partir de fuentes nucleares o renovables. Con una producción anual de 606 TWh de electricidad, Brasil se encuentra en una posición privilegiada para liderar la transición energética en el continente. En 2021, el país invirtió 12.000 millones de dólares en transiciones energéticas, lo que lo coloca entre los 10 países con mayor gasto en este rubro.
Argentina
Argentina, en comparación con algunos de sus vecinos, ha tenido un progreso más lento en la adopción de energías renovables. Solo alrededor del 30% de su producción eléctrica anual de 135 TWh proviene de fuentes nucleares o renovables. La inestabilidad económica ha jugado un papel crucial en esta situación, desplazando las prioridades del país hacia otros aspectos. Sin embargo, el sur de Argentina presenta condiciones ideales para la generación de energía eólica, lo que podría transformar su panorama energético en el futuro.
América Latina se destaca a nivel global, con más de una cuarta parte de su energía proveniente de fuentes renovables, el doble del promedio mundial. Mientras que muchos países en todo el mundo se esfuerzan por alcanzar el 50% de energía renovable en su mix energético para 2050, casi dos tercios de los países latinoamericanos ya han superado esta marca. Paraguay es uno de los siete países en el mundo que obtiene el 100% de su producción eléctrica de energía verde.

América Latina está en una posición única para desempeñar un papel crucial en la transición energética global. El crecimiento en la capacidad de energía renovable durante la última década es un testimonio del potencial de la región. Sin embargo, para que este potencial se convierta en realidad, será necesario abordar los desafíos asociados con la dependencia de grandes infraestructuras hidroeléctricas y fomentar una diversificación más amplia hacia tecnologías solares y eólicas.
Con políticas adecuadas y un compromiso continuo, América Latina no solo puede satisfacer sus propias necesidades energéticas de manera sostenible, sino que también puede convertirse en un líder mundial en energías renovables, contribuyendo significativamente a los esfuerzos globales para mitigar el cambio climático y alcanzar las emisiones netas cero. La región tiene todos los ingredientes necesarios para ser un protagonista central en la revolución energética del siglo XXI.
