Las reflexiones compartidas por el Consejo Nacional de la Empresa Privada (CONEP) durante la celebración de su 63 aniversario dejan una manera distinta de ver el panorama: el crecimiento económico no ocurre por casualidad ni se sostiene únicamente con buenas cifras macroeconómicas. Requiere visión de largo plazo, estabilidad, confianza y una agenda permanente de mejoras que permita consolidar lo alcanzado y aprovechar las oportunidades que surgen en un mundo cada vez más complejo.
Resulta significativo que el principal gremio empresarial del país reconozca los esfuerzos realizados por el Gobierno para fortalecer la competitividad nacional, atraer inversiones y posicionar a la República Dominicana en un escenario internacional marcado por conflictos geopolíticos, cambios tecnológicos y la reorganización de las cadenas globales de suministro. Ese reconocimiento adquiere relevancia porque proviene precisamente de quienes toman decisiones de inversión, generan empleos y asumen riesgos en la economía real.
Pero tan importante como reconocer los avances es escuchar las advertencias.
El sector privado ha señalado con claridad que el país no puede conformarse con los logros alcanzados. La educación, la calidad del capital humano, la competitividad energética, la infraestructura logística, la informalidad y la institucionalidad continúan siendo desafíos que requieren atención sostenida si se quiere preservar el ritmo de crecimiento económico de las últimas décadas.
Las oportunidades que hoy tiene la República Dominicana no estarán disponibles indefinidamente. Mientras empresas de todo el mundo buscan nuevos destinos para invertir y producir, los países compiten por atraer esos capitales ofreciendo estabilidad, talento humano, infraestructura moderna, seguridad jurídica y reglas claras. Quien avance más rápido tendrá mayores posibilidades de captar inversiones, generar empleos de calidad y elevar el bienestar de su población.
Por eso es importante escuchar a los empresarios. No porque sus intereses deban prevalecer sobre los de otros sectores, sino porque representan una parte esencial de la estructura productiva nacional. Son las industrias, las zonas francas, las empresas de servicios, los comercios, las mipymes y los emprendedores quienes diariamente crean oportunidades económicas en las comunidades, sostienen empleos y contribuyen a financiar el desarrollo mediante la inversión y el pago de impuestos.
Cuando este sector expresa preocupaciones sobre educación, energía, infraestructura o competitividad, no se trata únicamente de una agenda empresarial; se trata de factores que impactan directamente la capacidad de crecimiento de toda la economía.
