El automovilismo de la República Dominicana viste de luto. Con la partida física de Henry Krausz, a causa de un paro diabético, el deporte de motor nacional despide no solo a uno de sus pioneros más emblemáticos, sino a la figura institucional que logró tender un puente firme entre la pasión local y el máximo circuito del deporte de motor mundial.
Hablar de Henry Luis Krausz Eisler es repasar más de cinco décadas de evolución del automovilismo dominicano. Su legado abarca desde la polvareda y la adrenalina de los rallys de los años 70 hasta la solemnidad de las cabinas de juzgamiento como senador de la Federación Internacional del Automóvil (FIA) y la Fórmula 1.
Los inicios en las pistas
La historia de Krausz con la velocidad comenzó a escribirse formalmente en 1970. En una época donde correr exigía tanto talento al volante como astucia mecánica, Henry se destacó rápidamente como un piloto de agallas en la modalidad de rallys.
Fue uno de los pilares en la creación del Club de Automovilismo del Norte, una entidad clave para descentralizar y masificar la disciplina en la geografía nacional. Su destreza técnica y consistencia en el manejo lo consagraron como campeón de la exigente Categoría A, consolidándolo como uno de los pilotos referentes de su generación.
«Henry no solo conducía para ganar carreras; conducía para demostrar el potencial técnico y competitivo que existía en la República Dominicana.»
El arquitecto de la FDA
Con el paso de los años, Krausz comprendió que para que el automovilismo dominicano perdurara, necesitaba estructura, rigor y proyección. Su transición del asiento del piloto a la dirigencia deportiva marcó un antes y un después en la disciplina.
Al asumir la presidencia de la Federación Dominicana de Automovilismo (FDA), emprendió una profunda reorganización institucional basada en tres pilares:
- Profesionalización del juzgamiento: Elevación de los reglamentos técnicos y de seguridad al nivel de los estándares internacionales.
- Desarrollo de infraestructura: Fomento de espacios adecuados y seguros tanto para pilotos como para la fanaticada.
- Proyección internacional: Afiliación estratégica y fortalecimiento de las relaciones con organismos internacionales como la FIA y la NACAM (Confederación Norte, Centroamericana y del Caribe de Automovilismo).
Bajo su liderazgo, el automovilismo dejó de verse como un pasatiempo de aficionados para consolidarse como una disciplina deportiva respetada, organizada y con amplio respaldo de marcas e instituciones.
Comisario en la Fórmula 1
El reconocimiento a su capacidad analítica, templanza y profundo conocimiento del reglamento técnico llevó a Henry Krausz a alcanzar una meta reservada para muy pocos en la región: desempeñarse como comisario deportivo de la FIA en la Fórmula 1.
En los grandes premios de la «Gran Carpa», Krausz tuvo la responsabilidad de tomar decisiones críticas en carrera, evaluar incidentes en pista a más de 300 km/h y velar por el cumplimiento del código deportivo internacional. Que un dominicano ocupara una silla en el panel de autoridades del campeonato más prestigioso del mundo no solo representó un logro personal, sino un motivo de profundo orgullo para toda la comunidad deportiva del país.
Un legado que trasciende el cronómetro
Más allá de las copas, las licencias y los nombramientos internacionales, la figura de Henry Krausz destaca por su calidad humana. Se le recuerda como un dirigente accesible, siempre dispuesto a aconsejar a los jóvenes pilotos que daban sus primeros pasos en el cartismo o las categorías de circuito.
Su vida fue un testimonio constante de:
- Disciplinada entrega: Entender que la pasión exige método y trabajo continuo.
- Humildad en el éxito: Mantener siempre el trato cercano con mecánicos, comisarios y aficionados.
- Visión de futuro: Trabajar para dejar la estructura deportiva en mejores condiciones de como la encontró.
Henry Krausz ingresó con todos los honores al altar de los inmortales del deporte dominicano. Su huella permanece trazada en cada curva del automovilismo nacional y en cada bandera a cuadros que ondee en honor a la excelencia.
Descansa en Paz querido Henry
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