En la Sierra de Bahoruco, donde los cerros se alzan como gigantes que rozan el cielo y la brisa parece susurrar secretos de piedra, nace el Larimar, la gema azul que solo existe en la República Dominicana. Su color profundo y vibrante no es solo belleza: es patrimonio, identidad y la chispa que ilumina la vida de miles de familias que trabajan la tierra y el arte con manos de sol y esfuerzo.
El pasado fin de semana, un grupo de periodistas acompañó al Ministerio de Energía y Minas (MEM) hasta Bahoruco para conocer y celebrar el Día del Larimar, conmemorado cada 22 de noviembre.
No descendimos a las entrañas de la mina, pero caminamos entre talleres que huelen a polvo de piedra, escuchamos el eco de martillos y risas de artesanos, y sentimos el latido de una industria donde riesgo, talento y tradición se entrelazan, y donde cada pedazo de azul cuenta su propia historia.
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Formación y tradición artesanal

En la Escuela Taller Larimar, coordinada por el Instituto Nacional de Formación Técnico Profesional (Infotep) y Promipyme, jóvenes y adultos aprenden a transformar la piedra en joyas que viajan a mercados locales e internacionales.
“Formar artesanos capaces de convertir el Larimar en piezas de alto valor genera oportunidades y fortalece nuestras comunidades”, afirmó Rafael Santos Badía, director del Infotep.
Solo en 2025, 112 personas han sido capacitadas, y desde 2014, más de mil dominicanos han pasado por sus aulas.

Allí, cada corte, cada pulido y cada montaje del Larimar lleva consigo historia y técnica: de la roca escondida en las montañas hasta la gema que brilla en manos de los artesanos, cada pieza refleja esfuerzo, talento y la luz del Caribe.
El maestro artesano Onésimo Betances explicó que muchos egresados abren sus propios talleres con apoyo de Promipyme, mientras las cooperativas locales comercializan piezas a turistas y compradores internacionales.
Entre ellos, Francisco Mendoza, minero y artesano con cinco años de experiencia, destacó los avances en seguridad y supervisión que han hecho del trabajo bajo tierra un oficio más seguro, aunque siempre exigente.
Mendoza describe la complejidad técnica de extraer el Larimar: los terrenos son empinados y húmedos, y solo la experiencia permite interpretar cómo se comporta la roca bajo tierra.

“El principal reto es entender el terreno y trabajar con él, porque la mina sigue siendo exigente y de alta peligrosidad”, afirmó.
El MEM ha reforzado la infraestructura en la zona: comedores, baños, oficinas técnicas, un destacamento militar y una brigada de respuesta a emergencias, además de la primera Unidad de Atención Primaria (UNAP) dentro del complejo minero.
La gema azul ha alcanzado reconocimiento internacional: la Denominación de Origen “Larimar Barahona” fue inscrita ante la Organización Mundial de la Propiedad Intelectual, asegurando su autenticidad y valor.
El Larimar no solo brilla en vitrinas y joyas, sino que también es motor de la economía local. La triplicación de permisos de exportación, de 95,000 libras en 2024 a más de 291,000 en 2025, refleja su demanda global. Sin embargo, la presión internacional, especialmente de China, desafía a los artesanos dominicanos.
Este año, las ventas internacionales de Larimar han tenido como principales destinos a Alemania y Estados Unidos, que en conjunto han adquirido unas 700 libras de la piedra azul.
Detrás de ellos se sitúan mercados europeos como Italia e Inglaterra, con envíos mucho más modestos, de alrededor de 40 y 14 libras, respectivamente.
Los registros oficiales también reflejan movimientos cambiantes: en 2024, países como Perú y Suiza figuraban entre los compradores —con 20 y 32 libras—, pero hasta el momento no han realizado nuevas adquisiciones en el año en curso.

Miguel Féliz, administrador de la Tienda-Museo Larimar y artesano con más de veinte años de experiencia, subraya la necesidad de impulsar políticas que valoricen la piedra dentro del país y garanticen beneficios justos para quienes viven de su trabajo.
Sin embargo, advierte que, pese al prestigio internacional del Larimar, su precio en el mercado no siempre corresponde al esfuerzo y la exclusividad que lo caracterizan.
En los últimos años, señala, el valor ha descendido de manera notable, llegando en ocasiones a venderse el gramo por alrededor de RD$80. Por ello, desde su posición en Promipyme, insiste en fortalecer la regulación y el ordenamiento comercial para evitar que la gema siga perdiendo valor.
Actualmente, explica, una libra de Larimar en bruto ronda los RD$5,000 una cifra que considera insuficiente frente al riesgo, la demanda y la complejidad de su extracción.
Por su parte, Rolando Muñoz Mejía, director de Minería, enfatiza que el reto no es solo el acceso al Larimar, sino que las comunidades locales y los artesanos reciban beneficios equitativos.
“El desafío es cómo aprovecharlo para que los artesanos locales y las comunidades reciban un beneficio justo”, afirmó.
Historia y singularidad del Larimar

El Larimar no es solo una piedra; es un tesoro único en el mundo. Clasificada como piedra fina desde 1979, esta variedad de pectolita —un mineral del grupo de los silicatos— se encuentra únicamente en la región de Barahona.
Su color azul, que puede ir de un tono pálido casi blanco hasta un turquesa profundo, se debe al cobalto, y aunque recuerda al mar, tiene su propio nombre e identidad.
Su historia se remonta a 1916, cuando el sacerdote Miguel Domingo Fuertes descubrió la piedra en las montañas de Barahona.
Décadas después, fue redescubierta por el artesano Miguel Méndez y el geólogo Norman Rilling en 1976. Inicialmente llamada “Travelina”, Méndez le dio el nombre de Larimar, uniendo el apodo de su hija Larissa con la palabra “mar”, evocando el azul intenso del Caribe.
El Larimar es raro y difícil de extraer: las minas se encuentran en terrenos empinados y húmedos, donde el trabajo exige habilidad y experiencia.

Hoy, la piedra se protege bajo la ley dominicana, que permite su exportación solo en piezas pulidas, preservando su autenticidad y fomentando que su riqueza permanezca en el país.
El ministro de Energía y Minas, Joel Santos Echavarría, informó que en apenas un año, el país triplicó la exportación del Larimar, pasando de 85,480 libras en 2024 a 291,340 libras en 2025. “Somos un país turístico, y el Larimar tiene que formar parte de ese producto turístico dominicano”, expresó.

El azul del Larimar refleja la historia de un país, el esfuerzo de su gente y la esperanza de un futuro donde talento y riqueza natural caminen juntos. En Bahoruco, entre montañas y talleres, la gema brilla no solo por su color, sino por las vidas que transforma.
El director de Minería, Rolando Muñoz Mejía, destacó la importancia del Larimar como símbolo de identidad nacional y recurso único.
Recordó que miles de familias dependen directamente de su explotación en comunidades como Bahoruco y Los Arroyos, donde la actividad minera genera empleos, dinamiza la demanda de servicios y aporta ingresos fiscales.
“El Larimar no solo impulsa el desarrollo local, sino que fortalece el orgullo nacional al tratarse de una riqueza que existe solo en República Dominicana”, concluyó.

En la ceremonia de reconocimiento, dos diseñadoras se destacaron por su compromiso con el Larimar y la cultura dominicana. Fátima Polanco, arquitecta de profesión y diseñadora de joyas por pasión, compartió que su vínculo con el Larimar nació durante la pandemia, al descubrir que las piezas más vendidas en su tienda estaban hechas con esta piedra.
“Trabajar con el Larimar ha sido increíblemente enriquecedor. Cada pieza tiene alma propia; hoy es más que materia prima, es parte fundamental de mi identidad y de mi compromiso con nuestra cultura”, afirmó.
Por su parte, Mónica Valera describió su medalla como un honor “inmenso y profundamente emotivo”, señalando que más que un premio personal, era “una celebración colectiva de los artesanos, mineros y maestros joyeros que han creído en esta lección”.
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