Minería responsable: el dilema entre el progreso real o la claudicación al futuro

El debate sobre el Proyecto Romero en San Juan ha dejado de ser una discusión local para convertirse en el síntoma de una deuda pendiente en la República Dominicana: nuestra capacidad de decidir el futuro nacional basándonos en la evidencia científica y no en la presión del momento. Como bien señalaba recientemente don Persio Maldonado en su editorial, el rechazo en San Juan escaló hasta asumir un carácter nacional, forzando una pausa que debe ser aprovechada no para el olvido, sino para una profunda definición estatal.

La ciencia frente al relato: de nuevo un “Minuto Universal”

En este escenario, las palabras del economista José Luis de Ramón resuenan con una urgencia necesaria. El país se encuentra en una encrucijada donde debe elegir entre una suerte de ser “hippies mineros” o una industria minera real, moderna y regulada. No podemos permitirnos el lujo de una retórica romántica que ignore la técnica. El caso San Juan es, en muchos sentidos, nuestro “Minuto Universal”: un instante donde el destino de una región depende de la arquitectura mental de quienes sostienen el timón.

Oponerse a un proyecto de minería subterránea —diseño que minimiza drásticamente el impacto superficial y protege el entorno de manera mucho más eficiente que los modelos tradicionales— basándose en miedos del siglo pasado es un anacronismo peligroso. Cuando el proceso cuenta con el aval del IFC (Corporación Financiera Internacional), brazo del Banco Mundial, el debate deja de ser una cuestión de opiniones para convertirse en un hecho de rigor internacional. Ignorar esta validación no es “proteger el medio ambiente”, sino, más bien, condenar a una región a la pobreza por puro prejuicio y capricho.

Desarrollo, sostenibilidad y la ética del estadista

Es imperativo llamar a las cosas por su nombre: el desarrollo de una nación no puede ser rehén de chantajes medalaganarios ni de la propagación de datos falsos. La verdadera sostenibilidad se construye con datos, no con narrativas. ¿Qué es más irresponsable: extraer riqueza con estándares internacionales o dejar que una comunidad se estanque mientras los recursos duermen bajo tierra por falta de carácter político? Como bien aprendimos del presidente Mahuad, liderar es un compromiso sagrado con las generaciones que aún no votan, priorizando la solidez permanente sobre la gratificación instantánea del silencio político.

Preservar nuestros recursos naturales es un mandato ético innegociable, pero hacerlo ignorando la riqueza que subyace en nuestro suelo es claudicar al futuro. El progreso exige la integridad de quienes están dispuestos a caminar por el sendero más difícil, confrontando la mentira con el rigor técnico.

La conversación pendiente: gobernar es decidir

La conversación pendiente que tenemos como sociedad es sobre nuestra propia madurez institucional. El caso del Proyecto Romero en San Juan es la prueba de fuego: ¿prevalecerá el rigor del dato científico o el estruendo de la demagogia?

La sostenibilidad real no es pasiva; es una gestión activa y valiente de la realidad. Si tenemos la tecnología, el diseño subterráneo y el aval financiero internacional, lo único que nos falta es la voluntad política de dejar de ser espectadores de nuestra propia riqueza.

La pregunta no es si el Proyecto Romero es viable —la ciencia y los organismos internacionales ya han hablado—, sino hasta cuándo permitiremos que el ruido opaque la oportunidad de transformar el Sur. Recordando que la mayor recompensa para un hombre de Estado no es el reconocimiento inmediato, sino la vigencia de las instituciones y el bienestar que se logra preservar para la posteridad.

Peter Read es vicepresidente ejecutivo del Consejo de Desarrollo Económico y Social de Santo Domingo (CODESSD).

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