La intención del plan RD se Mueve de implementar multas mediante tickets colocados en los parabrisas de los vehículos mal estacionados abre una nueva etapa en la fiscalización del tránsito en la República Dominicana. Se trata de un mecanismo probado en otras ciudades del mundo, eficaz para ordenar el espacio urbano y desincentivar conductas que hoy agravan la movilidad. Sin embargo, su éxito en el país dependerá menos del ticket visible y más de cómo se articule la responsabilidad legal de la sanción.
El principal desafío de esta propuesta, que todavía evalúa RD se Mueve, está en un problema largamente conocido: la falta de traspaso de propiedad de vehículos. En la práctica, una parte significativa de los automóviles que circulan en el país no está registrada a nombre de quien los conduce. Bajo este esquema, una multa asociada a la placa terminaría llegando al propietario formal inscrito en el sistema, no necesariamente al infractor real.
Aquí surge una disyuntiva para las autoridades. O bien el sistema se queda corto, limitándose a sancionar en papel a propietarios que ya no controlan el vehículo, o se convierte en una herramienta de ordenamiento más amplia, capaz de empujar al mercado automotor hacia la formalidad. En este segundo escenario, las multas al parabrisas pueden funcionar como un incentivo indirecto pero efectivo para que compradores y vendedores regularicen los traspasos, actualicen los registros y asuman plenamente las responsabilidades que conlleva la propiedad vehicular.
Para lograrlo, será indispensable una integración de procesos ágiles de reclamación, mecanismos claros para identificar al conductor cuando corresponda y campañas de información que expliquen el alcance del modelo. La fiscalización no puede recaer únicamente en la sanción; debe venir acompañada de facilidades para cumplir la ley y de una narrativa pública que refuerce la corresponsabilidad ciudadana.

