Observaciones al Decreto 517-25 de “emergencia eléctrica”

El Decreto 517-25 de emergencia eléctrica más que una solución refleja la ausencia de planificación y de una ruta clara en el sector. En un sistema eléctrico que debería ser predecible, ordenado y planificado, recurrir a decretos de emergencia es confirmar que los funcionarios y asesores de este gobierno han improvisado y han causado daños.

El problema de fondo no es la falta de generación, como se suele argumentar. La verdadera raíz está en las pérdidas. Aquí cabe un ejemplo sencillo: imagínese que tiene una manguera llena de hoyos. Si hay escapes, es lógico que el agua no llegue al final o llegue muy poca. Y aunque abra más la llave para aumentar el flujo, si no corrige los agujeros, no llegará más agua: será lo contrario, se derramará más en el trayecto. Así mismo ocurre en el sector eléctrico: aumentar la generación sin resolver las pérdidas es agrandar el despilfarro.

Es entendible que la demanda crezca fruto del desarrollo económico y poblacional, y por eso necesitamos más generación en el largo plazo. Pero la ecuación no se resuelve con inyección, sino con eficiencia. Si no se atacan las pérdidas técnicas (por infraestructura obsoleta, transformadores sobrecargados, líneas en mal estado) y las no técnicas (fraude, conexiones ilegales, falta de medición), cualquier medida extraordinaria queda en pañales.

Otro punto preocupante es el carácter mismo de la “emergencia”. Las compras en este sector son planificadas, no improvisadas. La demanda no aparece de la nada: se proyecta con base en tendencias de crecimiento, consumo histórico y planes de expansión. Por eso, un decreto de emergencia no resuelve el problema.

Además, comprar de emergencia solo aumenta los costos, y al aumentar los costos, es lógico que aumenten también las pérdidas. No es lo mismo planificar una adquisición con proyección y programación —lo que permite negociar precios, coordinar entregas y optimizar la logística— que pedir equipos de forma apresurada. En el primer caso, se gana eficiencia y se reduce el gasto; en el segundo, se termina pagando más por transporte, disponibilidad inmediata y falta de negociación. El resultado es mayor presión fiscal y más pérdidas económicas sin resolver el problema de fondo. La emergencia no puede convertirse en política pública.

Nuestra sugerencia

En lugar de gobernar el sector eléctrico a base de decretos de emergencia, se requiere:

  • Un plan maestro multianual que combine inversión en redes, reposición de infraestructura y expansión ordenada de generación.
  • Repotenciación de transformadores y modernización de subestaciones, para aumentar la capacidad instalada y evitar sobrecargas que generan pérdidas técnicas.
  • Inversión sostenida en la red de distribución, reemplazando líneas obsoletas y reforzando los circuitos críticos donde más se concentran las fallas.
  • Compras planificadas y calendarizadas con proyecciones de demanda claras, que permitan negociar precios y evitar sobrecostos.
  • Gestión de pérdidas como prioridad nacional, blindando a las EDEs con gobernanza técnica, indicadores públicos y auditorías independientes.
  • Transparencia en licitaciones y cronogramas de inversión que den confianza al ciudadano y a los inversionistas.
  • Política de mantenimiento preventivo y proactivo, para no depender de medidas reactivas y costosas.

Solo así el país podrá pasar de la improvisación a la eficiencia, y de la reacción a la solución.

Reflexión

El Decreto 517-25 confirma el síntoma, no cura la enfermedad. Gobernar el sector eléctrico por “emergencia” es reconocer la ausencia de planificación y de una ruta clara. Mientras no se cierre la llaga de las pérdidas —técnicas y, sobre todo, no técnicas—, seguir inyectando generación es como abrir más la llave de una manguera llena de agujeros: sale más agua, pero llega igual o menos al final.

El país no necesita más parches; necesita dirección, disciplina y resultados medibles. Declarar emergencias puede acelerar procesos, pero resolver el problema exige planificación, transparencia y gobernanza técnica. Solo así dejaremos de perder por los mismos agujeros y lograremos, finalmente, un sistema eléctrico confiable y sostenible.

Un sistema eléctrico sin planificación es como una ciudad sin planos: se construye rápido, pero termina derrumbándose sobre sí misma.

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