Buenos Aires, Argentina.– El costo que asumen las estaciones de servicio por cada pago electrónico no está determinado por el uso de un código QR, sino por el medio de pago asociado a la operación y por las condiciones bajo las cuales se procesa y acredita el dinero.
Así lo explicó Jorge Larravide, especialista en ecosistema financiero, en declaraciones publicadas por Surtidores. Según el experto, el costo de la operación depende de si el cliente paga mediante transferencia, débito o crédito, no del uso del código QR.
“El uso de QR o de tarjeta física directamente no cambia ni el costo ni el plazo porque es la tecnología de cómo se realiza la transacción de compra. El tema es el medio de pago que está asociado a ese elemento”, explicó el especialista.
En ese sentido, un mismo código puede utilizarse para recibir una transferencia inmediata, cuyo dinero se acredita en línea, o para procesar una operación con tarjeta de débito o crédito, modalidades que tienen condiciones diferentes para el comercio.
Por ello, determinar cuánto representa realmente una venta electrónica para una estación de servicio requiere considerar varios elementos, entre ellos el arancel, el IVA, las retenciones y el momento en que los fondos quedan disponibles.
Entre las alternativas disponibles, la transferencia inmediata aparece como una de las opciones de menor costo para el comercio, además de permitir la acreditación online de los fondos. Las operaciones efectuadas mediante tarjetas de débito y crédito, en cambio, están sujetas a los aranceles correspondientes y a los plazos de acreditación establecidos para cada modalidad.
Las condiciones de los sistemas de aceptación contemplan distintas estructuras de comisión. En determinadas alternativas, estas parten de 0,8 % más IVA, mientras que algunas operaciones con tarjeta de crédito pueden alcanzar hasta 2 % más IVA.
A esto se suma la posibilidad de acceder a mecanismos que permiten adelantar la disponibilidad del dinero antes del plazo habitual. Sin embargo, disponer anticipadamente de esos recursos implica asumir un cargo financiero adicional.
Más allá de la comisión, el tiempo que transcurre hasta que el dinero llega a la cuenta del comercio constituye otro elemento que las estaciones de servicio deben incorporar a sus cálculos. Según explicó Larravide a Surtidores, para micro y pequeñas empresas, MiPyMEs y personas humanas, el plazo puede llegar hasta ocho días hábiles.
En el caso de las empresas medianas y determinados prestadores de servicios turísticos o de alojamiento, puede alcanzar los 10 días hábiles, mientras que para las grandes empresas puede extenderse hasta 18 días hábiles.
Para una estación de servicio, este período de espera puede tener incidencia en la administración cotidiana de sus recursos, debido a que la actividad requiere atender de manera permanente gastos como compra de combustibles, salarios, cargas sociales, impuestos y electricidad.
Cuando parte de la facturación permanece pendiente de acreditación, aumenta la necesidad de administrar el capital de trabajo. Y si el establecimiento necesita disponer de esos recursos antes de la fecha prevista, deberá asumir el costo financiero asociado al adelanto.
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Ante este escenario, Larravide plantea que los expendedores no deberían evaluar una herramienta de pago únicamente por si utiliza QR o tarjeta, sino por las condiciones financieras que genera cada operación.
Entre los aspectos que deben revisar se encuentran el instrumento utilizado, el arancel efectivo, los impuestos y retenciones aplicables, el plazo de acreditación y el costo de adelantar los fondos, en caso de que sea necesario.
La diferencia resulta especialmente relevante porque un mismo QR puede canalizar medios de pago distintos y, por tanto, generar costos y tiempos de disponibilidad diferentes para la estación de servicio.
De esta manera, la evaluación del costo de una venta electrónica requiere mirar más allá de la tecnología utilizada para cobrar y concentrarse en qué medio de pago está detrás de la operación y bajo qué condiciones financieras se procesa.
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