La región de América Latina y el Caribe (ALC) enfrenta un desafío endémico en el sector eléctrico debido a las pérdidas significativas de energía. Según el informe “Economía de las pérdidas de electricidad en América Latina y el Caribe” elaborado por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), aproximadamente el 17 % de la energía generada en la región se pierde, cifra que es tres veces superior a la de los países de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) y que excede las medidas de eficiencia para un sistema sostenible.
Las pérdidas eléctricas tienen un costo anual considerable para las empresas distribuidoras, fluctuando entre US$9.6 y US$16.6 mil millones anuales, lo que representa entre el 0.19 % y el 0.33 % del PIB de la región. Este impacto financiero es comparable con los programas sociales de mayor alcance en la región.
Por ejemplo, las pérdidas en Brasil representan más de dos tercios del presupuesto del programa “Bolsa Familia”, mientras que en México, son comparables al presupuesto del programa “Jóvenes Construyendo el Futuro”.

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Desafío para la infraestructura y la descarbonización
El desempeño financiero del sistema eléctrico depende de su capacidad para generar ingresos suficientes para cubrir los costos de suministro. Sin embargo, las pérdidas energéticas crean una situación insostenible desde el punto de vista de la eficiencia económica y la administración óptima de recursos. La región necesita invertir al menos US$48 mil millones por año (0.8 % del PIB) para lograr el acceso universal a la electricidad y avanzar en la descarbonización de su matriz energética durante la próxima década.
Soluciones y estrategias
Recuperar los recursos perdidos debido a las pérdidas eléctricas podría ayudar a cerrar la brecha de inversión en infraestructura. El informe del BID sugiere que abordar este problema podría liberar fondos significativos para mejorar la infraestructura eléctrica y promover la sostenibilidad energética en la región.
Las pérdidas eléctricas en América Latina y el Caribe representan un desafío crítico para el desarrollo sostenible del sector eléctrico. Abordar estas pérdidas es esencial para mejorar la eficiencia económica, cerrar la brecha de infraestructura y avanzar en los objetivos de descarbonización y acceso universal a la electricidad.
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