La región de América Latina y el Caribe continúa fortaleciendo su infraestructura energética con la implementación de 139 proyectos de energía a gas, de los cuales 95 están en fases iniciales de desarrollo y 44 ya en construcción. Estas iniciativas demandarán un gasto de capital estimado en US$ 20,900 millones, lo que subraya la apuesta regional por esta fuente energética como parte de la transición energética.
Brasil y México lideran en cantidad de proyectos
Con 166 centrales eléctricas a gas actualmente en operación, tras una inversión acumulada de US$ 52,900 millones, Brasil se posiciona como el principal actor en la región con 102 iniciativas. México ocupa el segundo lugar con 70 proyectos, seguido por Colombia (24), Chile (22) y Argentina (21).
Entre los principales desarrolladores destacan la Comisión Federal de Electricidad (CFE) de México con 18 proyectos, así como la brasileña Eneva y la venezolana Corpoelec, con 9 iniciativas cada una.
El último trimestre de 2024 marcó un avance significativo en 13 iniciativas, con un valor combinado de US$ 6,790 millones, según la herramienta Forecast de BNamericas. Para el primer trimestre de 2025, se espera que 8 proyectos adicionales, con una inversión de US$ 2,720 millones, entren en nuevas fases de desarrollo, mientras que otros seis proyectos con un valor estimado de US$ 2,470 millones continuarán progresando entre el segundo y tercer trimestre del año.
Proyectos destacados
Entre las iniciativas más relevantes se encuentra la central de ciclo combinado Manzanillo en República Dominicana, una planta de 840 MW desarrollada por Shell y Energía de las Américas, que requiere una inversión de US$ 1,750 millones.
En Brasil, la central Nossa Senhora de Fátima (1,355 MW), liderada por Eneva y BP, se destaca con un costo de US$ 903 millones, mientras que la primera etapa de la central Piratininga (1,737 MW), impulsada por Emae, requiere US$ 847 millones.

Una apuesta estratégica por el gas
El creciente interés por la energía a gas en la región responde a la necesidad de diversificar las fuentes energéticas y garantizar la sostenibilidad en el suministro. Este avance no solo fomenta la inversión privada, sino que también impulsa la generación de empleo y el desarrollo tecnológico en los países involucrados.
