Ante el incremento de las olas de calor provocadas por el cambio climático, París avanza en la expansión de una red de refrigeración urbana que utiliza el agua del río Sena para climatizar edificios y reducir el consumo energético, una infraestructura que, una vez concluida su ampliación, será la más extensa de Europa.
El sistema, operado por Fraîcheur de Paris, cuenta actualmente con más de 120 kilómetros de tuberías subterráneas y continúa creciendo con nuevas plantas de producción y conexiones a edificios públicos y privados.
Marie Carlo, directora general de la empresa, explicó que la red funciona mediante un circuito cerrado de agua helada que transporta el frío hasta los edificios conectados. Allí, un intercambiador térmico enfría el sistema de climatización y posteriormente el agua regresa a las plantas de producción, donde el calor extraído se disipa utilizando el agua del río Sena, sin que ambos circuitos lleguen a mezclarse.
La expansión de esta infraestructura responde a un contexto de temperaturas cada vez más elevadas. Durante este verano, Francia ha registrado varias olas de calor con máximas superiores a 40 °C en distintas regiones, mientras que en París los termómetros han rondado los 35 °C, obligando a activar alertas sanitarias y medidas especiales para proteger a la población más vulnerable.
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Según Carlo, las altas temperaturas registradas este año han demostrado la necesidad de seguir fortaleciendo la red.
“Las olas de calor de 2026 no tienen precedentes. Por eso estamos ampliando la infraestructura con nuevas plantas y aumentando la capacidad de las existentes para responder mejor a estos fenómenos extremos”, señaló.
Entre las obras en marcha figura la conexión de una nueva planta ubicada en la Universidad de Jussieu y la ampliación de otra en la Biblioteca Nacional de Francia, cuya capacidad será triplicada.
Las autoridades parisinas también buscan que escuelas, bibliotecas y edificios municipales conectados a la red funcionen como refugios climáticos durante los episodios de calor extremo, permitiendo que personas sin acceso a espacios climatizados puedan resguardarse durante las horas de mayor temperatura.
De acuerdo con Fraîcheur de Paris, este tipo de redes consume alrededor de 50 % menos electricidad y genera la mitad de las emisiones de CO₂ que los sistemas convencionales de aire acondicionado, por lo que se perfila como una de las principales herramientas de adaptación urbana frente al cambio climático.
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