A más de cinco décadas de su creación, el Reglamento para el Manejo del Gas Licuado de Petróleo (GLP), establecido por el Decreto No. 2119-72 y complementado por el Decreto No. 1880-84, sigue siendo la columna vertebral de cada operación vinculada a este combustible en todo el país. Sus normas regulan desde el almacenamiento y transporte hasta la certificación de operadores y las medidas de seguridad en plantas, estaciones y hogares.
Sin embargo, en la práctica, muchas de estas reglas no se cumplen: es frecuente ver mototaxis y motocicletas transportando cilindros de gas en posición horizontal o en condiciones inseguras, evidenciando la brecha entre la normativa vigente y su aplicación diaria.
El reglamento establece con detalle las responsabilidades de todos los actores del sector: desde las plantas terminales encargadas del almacenamiento y embarque a granel, hasta las plataformas de envasado, estaciones de distribución y distribuidores que realizan el suministro directo.
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También regula los tipos de envases, tanques, válvulas, multiválvulas, mangueras y medidores autorizados, así como las certificaciones necesarias para quienes manipulan, transportan o instalan el gas en viviendas y comercios. Cada norma busca garantizar un manejo seguro del GLP, prevenir accidentes y proteger tanto a operadores como a usuarios finales.
A pesar de la precisión de estas disposiciones, la supervisión y el cumplimiento efectivo siguen siendo un desafío. Las autoridades exigen permisos visibles de Bomberos, renovación cada cinco años, límites de almacenamiento y cumplimiento de medidas de seguridad en instalaciones y transporte.
Sin embargo, la realidad diaria evidencia que estas reglas muchas veces se ignoran, poniendo en riesgo a conductores, vecinos y consumidores.

Este desajuste entre la normativa y la práctica evidencia la necesidad de fortalecer la vigilancia y la cultura de seguridad en el manejo del GLP en todo el país.
El reglamento clasifica y define con precisión a todos los actores del sector: plantas terminales destinadas al almacenamiento y embarque a granel; plataformas de envasado encargadas del llenado de cilindros; estaciones de distribución para el expendio al público; distribuidores responsables del suministro directo; establecimientos comerciales de primera y segunda categoría; y compañías importadoras y distribuidoras que supervisan la operación integral.
La normativa también regula los tipos de envases, tanques, válvulas, multiválvulas, mangueras, medidores y componentes autorizados, además de las características técnicas que deben cumplir para garantizar un funcionamiento seguro, según el Compendio de Normativas de Combustibles del Ministerio de Industria y Comercio.
Para instalar plantas, plataformas o estaciones de distribución, los operadores deben contar con permisos del Cuerpo de Bomberos, mantenerlos visibles y renovarlos cada cinco años. Los distribuidores, por su parte, enfrentan límites estrictos sobre el volumen de GLP permitido en sus establecimientos y deben asegurar las condiciones ambientales mínimas para operar.

El reglamento exige igualmente certificaciones para quienes manipulan cilindros, transportan el gas o realizan instalaciones en viviendas y comercios. Todos deben aprobar cursos o exámenes impartidos por compañías distribuidoras.
Cilindros y tanques deben estar identificados con colores o marcas únicas, y las instalaciones del consumidor deben cumplir parámetros técnicos supervisados por distribuidores e instaladores certificados. El uso de cilindros dañados o de componentes descontinuados está prohibido; cualquier equipo deteriorado debe retirarse de servicio de inmediato.
Las obligaciones también alcanzan al usuario final, quien debe recibir instrucciones claras sobre el encendido de los equipos, la detección de fugas, procedimientos ante emergencias, correcta manipulación de cilindros y requisitos para solicitar sustituciones.
El traslado del GLP —tanto en cilindros como a granel— es una de las áreas más minuciosamente reguladas por el decreto. Los vehículos deben estar rotulados, equipados con extinguidores, barandas, cadenas y señalización específica.

Está prohibido transportar cilindros de forma horizontal, mezclar cargas incompatibles, fumar o exceder los límites de velocidad. Los camiones a granel, además, deben contar con sistemas automáticos de seguridad, dispositivos de medición y equipos de conexión a tierra.
Las plataformas deben construirse con materiales incombustibles, mantener ventilación adecuada y contar con instalaciones eléctricas a prueba de explosión, cercas perimetrales y señalización visible. Se prohíbe almacenar cilindros horizontalmente, encender fuegos en el área, permitir la entrada de vehículos sin arrestallamas o realizar reparaciones mientras haya gas en operación.
En zonas urbanas, la capacidad no puede superar los 12,000 galones en agua, y las plataformas que excedan los 4,000 galones deben ubicarse en esquinas con franjas de seguridad mínima.
Las plantas terminales deben instalarse en zonas poco pobladas, lejos de áreas inundables y cumpliendo distancias mínimas según la capacidad de almacenamiento. Además, deben operar con GLP debidamente odorado y disponer de hidrantes y equipos contra incendios bajo supervisión del Cuerpo de Bomberos.
Aunque su origen se remonta a inicios de los años setenta, el Reglamento para el Manejo del GLP continúa plenamente vigente. Su alcance —que abarca instalaciones, equipos, transporte, consumo, permisos, sanciones y medidas de seguridad— sigue siendo la guía que estructura el funcionamiento del sector y establece las obligaciones de operadores y usuarios en todo el país.
No obstante, la realidad en las calles muestra que cumplir estas reglas sigue siendo un desafío diario.
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