El país no puede seguir repitiendo este guion de caos anunciado. Se necesita asumir el drenaje pluvial y la gestión urbana como políticas de Estado, con continuidad.
La vulnerabilidad de una infraestructura estratégica como el AILA afecta no solo a los pasajeros, sino al comercio, al turismo y a la seguridad operacional.
Desde el sector artístico, los medios de comunicación, la industria turística, hasta los centros médicos, todos han sentido el impacto de un servicio eléctrico inestable.
Cabe recordar que la economía dominicana no está dolarizada, por lo que el impacto dependerá del sector afectado. En este contexto, lo más sensato es mantener la calma.
La motocicleta seguirá siendo necesaria en ciertos renglones de la economía. Pero su aporte no puede justificar el desorden, el irrespeto a la ley ni el riesgo permanente.